La intervención en lo social: orígenes y sentido en la Universidad

Documento de Universidad sobre La intervención en lo social: los orígenes y su sentido. El Pdf explora el concepto de poder, la filantropía y las concepciones de libertad, influenciadas por el Iluminismo y el utilitarismo de Bentham, relevante para Filosofía.

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La intervención en lo social: los orígenes y su sentido
LOS INICIOS Una mirada hacia la “intervención en Lo Social” desde su construcción
histórica permite acceder a diferentes vías para su comprensión y explicación. Por un lado,
la intervención se vincula al origen de la denominada “cuestión social”. Este punto implica
una necesaria revisión de los orígenes del pensamiento moderno. En este aspecto, la
intervención en lo social manifiesta una importante influencia del pensamiento de Thomas
Hobbes (1588-1679), en especial por el hecho de que desde sus obras comienza a
instaurarse la visión contractualista de la sociedad a fin de terminar con el “estado de guerra
natural”. Esta situación refleja el clima de una época de transición de lo antiguo a lo
moderno, dentro de una situación conflictiva en lo político. La resolución de Hobbes a este
problema será “darle poder al soberano para lograr la paz”. Esta solución implica la llegada
de la paz a cambio de una cesión inevitable y definitiva de soberanía por parte de quienes
pactan o con tratan, soslayándose la existencia de un conflicto previo que quedará oculto,
pero que reaparecerá en los márgenes de la recién constituida “sociedad”, o quedará latente,
bajo las nociones de “problema social” o “anormalidad”. La sociedad, en el pensamiento de
Thomas Hobbes, es la negación del estado de naturaleza. Si los hombres “pactan” para
franquear el paso del status naturalista una sociedad civil, deben entregarse a un Leviatán
(soberano representado mediante la figura de un monstruo nombrado en la Biblia), en el
cual Estado y sociedad coinciden. No casualmente Leviatán es el nombre del Estado, lo que
pone de manifiesto que la visión de la política y la sociedad de Thomas Hobbes está
atravesada en forma relevante por su noción del Estado. Desde la perspectiva de Hobbes, en
el pacto de sujeción (pactum subjectionis) los hombres delegan su soberanía a un monarca,
quien a cambio les restituye el derecho a la vida. En ese momento, crucial en la historia de
la ciencia política, se funda el absolutismo; pero a partir de ese establecimiento también se
comienzan a construir las formas para “lograr” la paz, para cohesionar aquello que se
presentaba como salvaje y anárquico luego de la “retirada” de Dios del mundo de los
hombres. Ese instante de creación marca algo más sutil: la fundación de las formas para
lograr la cohesión en el terreno de la paz alcanzada luego del pacto de sujeción. Es también
el momento de construcción de los instrumentos de coerción que se relacionarán con los
bordes, los márgenes de ese contrato, en definitiva, con aquellos que quedaron afuera de la
contienda, los derrotados de una determinada coyuntura. Al fin, serán éstos quienes
recibirán las más puras formas de la intervención que imponen de manera significativa el
acto individual de entregar soberanía a otro que detenta poder (en tanto conocimiento), para
finalizar el “estado de guerra natural” y lograr la integración de aquello que se estaba
fundando y se había comenzado a designar como sociedad. Thomas Hobbes ofrece a
Occidente una de las primeras respuestas posibles a la pregunta del origen de la sociedad y
de las nuevas formas de ejercicio del poder, con nuevos fundamentos y justificaciones. Allí,
la cuestión del poder será clave, no sólo en el campo del hacer sino en el de constituir
(construir) a aquellos sobre los que “se hace”. La intervención en lo social habrá de surgir
en este terreno oscuro y nebuloso en el que se edificarán dispositivos de relación con el
“otro”, apoyados en el “derecho a la vida”. Pero en ese momento fundacional, el poder,
producto del saber, resulta una clave que permanecerá oculta durante siglos, a veces
develada y otra vuelta a cubrir hasta el presente. Se crearán formas de la intervención en las
cuales, a veces en forma efímera, otras de manera evidente, Estado y sociedad civil o
poder y sociedad civil se entrelazarán coincidiendo, articulándose, de alguna manera
alimentándose, en especial en ese “entregarse” a otro que tiene el poder que le confiere el
saber dentro del espacio artificial de la intervención. En síntesis, retomando el pensamiento
de Hobbes, si librados a mismos los hombres aspiran solamente a “satisfacer sus
impulsos”, luego de lograda la paz social será necesario mantenerla, generando formas de
reorientar la acción de los hombres, de encauzarlos en una dirección, en busca de aquello
que el pensamiento moderno considerará y definirá como útil para el “todo social”. De este
modo, es posible plantear una serie de interrogantes que intentan profundizar el análisis de
la intervención en lo social generando una suerte de disección de ésta a fin de acceder a los
acontecimientos que le dieron sentido.
Los inicios de la intervención en lo social llevan, en mismos, una serie de interrogantes.
¿Qué fue lo que motivó el desarrollo de estas nuevas estrategias? ¿Cómo se constituyeron
en discursos portadores de “verdad”? ¿por qué las prácticas médicas tendrán un papel tan
importante?, ¿dónde se dan los puntos de encuentro entre prácticas aparentemente tan
diferenciadas como la medicina, la guerra, la filantropía o la evangelización?, ¿dónde se
hace transversal el discurso político en este juego? Y por último, ¿cuáles son las
inscripciones jurídicas en toda esta cuestión? (Carballeda, 2000b)

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Los inicios de la intervención en lo social

Una mirada hacia la "intervención en Lo Social" desde su construcción histórica permite acceder a diferentes vías para su comprensión y explicación. Por un lado, la intervención se vincula al origen de la denominada "cuestión social". Este punto implica una necesaria revisión de los orígenes del pensamiento moderno. En este aspecto, la intervención en lo social manifiesta una importante influencia del pensamiento de Thomas Hobbes (1588-1679), en especial por el hecho de que desde sus obras comienza a instaurarse la visión contractualista de la sociedad a fin de terminar con el "estado de guerra natural". Esta situación refleja el clima de una época de transición de lo antiguo a lo moderno, dentro de una situación conflictiva en lo político. La resolución de Hobbes a este problema será "darle poder al soberano para lograr la paz". Esta solución implica la llegada de la paz a cambio de una cesión inevitable y definitiva de soberanía por parte de quienes pactan o con tratan, soslayándose la existencia de un conflicto previo que quedará oculto, pero que reaparecerá en los márgenes de la recién constituida "sociedad", o quedará latente, bajo las nociones de "problema social" o "anormalidad". La sociedad, en el pensamiento de Thomas Hobbes, es la negación del estado de naturaleza. Si los hombres "pactan" para franquear el paso del status naturalista una sociedad civil, deben entregarse a un Leviatán (soberano representado mediante la figura de un monstruo nombrado en la Biblia), en el cual Estado y sociedad coinciden. No casualmente Leviatán es el nombre del Estado, lo que pone de manifiesto que la visión de la política y la sociedad de Thomas Hobbes está atravesada en forma relevante por su noción del Estado. Desde la perspectiva de Hobbes, en el pacto de sujeción (pactum subjectionis) los hombres delegan su soberanía a un monarca, quien a cambio les restituye el derecho a la vida. En ese momento, crucial en la historia de la ciencia política, se funda el absolutismo; pero a partir de ese establecimiento también se comienzan a construir las formas para "lograr" la paz, para cohesionar aquello que se presentaba como salvaje y anárquico luego de la "retirada" de Dios del mundo de los hombres. Ese instante de creación marca algo más sutil: la fundación de las formas para lograr la cohesión en el terreno de la paz alcanzada luego del pacto de sujeción. Es también el momento de construcción de los instrumentos de coerción que se relacionarán con los bordes, los márgenes de ese contrato, en definitiva, con aquellos que quedaron afuera de la contienda, los derrotados de una determinada coyuntura. Al fin, serán éstos quienesrecibirán las más puras formas de la intervención que imponen de manera significativa el acto individual de entregar soberanía a otro que detenta poder (en tanto conocimiento), para finalizar el "estado de guerra natural" y lograr la integración de aquello que se estaba fundando y se había comenzado a designar como sociedad. Thomas Hobbes ofrece a Occidente una de las primeras respuestas posibles a la pregunta del origen de la sociedad y de las nuevas formas de ejercicio del poder, con nuevos fundamentos y justificaciones. Allí, la cuestión del poder será clave, no sólo en el campo del hacer sino en el de constituir (construir) a aquellos sobre los que "se hace". La intervención en lo social habrá de surgir en este terreno oscuro y nebuloso en el que se edificarán dispositivos de relación con el "otro", apoyados en el "derecho a la vida". Pero en ese momento fundacional, el poder, producto del saber, resulta una clave que permanecerá oculta durante siglos, a veces develada y otra vuelta a cubrir hasta el presente. Se crearán formas de la intervención en las cuales, a veces en forma efímera, otras de manera evidente, Estado y sociedad civil -o poder y sociedad civil- se entrelazarán coincidiendo, articulándose, de alguna manera alimentándose, en especial en ese "entregarse" a otro que tiene el poder que le confiere el saber dentro del espacio artificial de la intervención. En síntesis, retomando el pensamiento de Hobbes, si librados a sí mismos los hombres aspiran solamente a "satisfacer sus impulsos", luego de lograda la paz social será necesario mantenerla, generando formas de reorientar la acción de los hombres, de encauzarlos en una dirección, en busca de aquello que el pensamiento moderno considerará y definirá como útil para el "todo social". De este modo, es posible plantear una serie de interrogantes que intentan profundizar el análisis de la intervención en lo social generando una suerte de disección de ésta a fin de acceder a los acontecimientos que le dieron sentido.

Interrogantes sobre la intervención social

Los inicios de la intervención en lo social llevan, en sí mismos, una serie de interrogantes. ¿Qué fue lo que motivó el desarrollo de estas nuevas estrategias? ¿ Cómo se constituyeron en discursos portadores de "verdad"? ¿ por qué las prácticas médicas tendrán un papel tan importante?, ¿dónde se dan los puntos de encuentro entre prácticas aparentemente tan diferenciadas como la medicina, la guerra, la filantropía o la evangelización?, ¿dónde se hace transversal el discurso político en este juego? Y por último, ¿cuáles son las inscripciones jurídicas en toda esta cuestión? (Carballeda, 2000b)

La transgresión y la anormalidad

Desde sus orígenes, gran parte del sentido de la intervención en lo social está relacionada con el modo como cada época construye los perfiles de la transgresión. Esto implica una forma de acercarse a este "territorio" a través de diferentes dispositivos, instrumentos y modalidades de acción en la medida en que son cuestiones que pueden afectar al "todo social" o, sencillamente, que reproducen en lo minúsculo, en pequeños espacios, algún rasgo del "estado de guerra natural". Así surgirá la filantropía en clave moderna, como transición de la cari dad hacia una intervención más ordenada y cargada del sentido de la modernidad. Es decir, comienza a cobrar forma lo que más tarde se conocerá como "previsión social". Aún es una época de transición. En un principio, la anormalidad era considerada como la alteración de los poderes de los hombres por la influencia del diablo. No existía todavía una puja entre lo natural y lo sobrenatural. En este aspecto, se aceptaba que el mal era producto del demonio y que se hallaba en aquellos por quienes éste tenía predilección: los espíritus a los que podía seducir, especialmente las mujeres, los melancólicos y los insensatos. En el origen de la "anormalidad" es posible ubicar el encuentro de tres figuras: el monstruo humano, que implica una alteración de la ley de Dios y de la naturaleza, combinando lo imposible y lo prohibido; el individuo a corregir, que requiere un necesario adiestramiento del cuerpo en los talleres, la familia o el ejército; y el onanista, que representa la preocupación por la sexualidad infantil y a raíz de ello por la organización de la familia (Foucault, 1994). También en esta etapa se trata de dar una explicación racional, o por lo menos causal, de los acontecimientos. Así, el demonio se "beneficiará de las condiciones del cerebro y de la luna que excita los humores". En otras palabras, se está fundando la necesidad de la intervención, justamente allí donde el contrato puede romperse, violar se o resquebrajarse: el lugar de lo que se considera débil o vulnerable. Todo aquello que no coincida con una racionalización de la sociedad en cada uno de sus espacios (locura, minoridad, enfermedad, escuela, muerte, etc.) debe ser reordenado, racionalizado e introducido en la "vida metódica". Es decir, será ingresado a la modernidad. Una muestra de esta racionalización es la alegoría del "torno", recogida por Donzelot: se trata de un dispositivo que de alguna manera refleja la transición de lo antiguo a lo moderno y representa el modo como los dispositivos, mecanismos y estrategias de intervención en lo social se resignifican en un nuevo lenguaje. La preocupación por aunar el respeto a la vida y el respeto por el honor familiar ha provocado a mediados del sigloXVIII la invención de un ingenioso dispositivo técnico: el torno. Es un cilindro que gira sobre su eje y en el que un lado de la superficie lateral está abierto; el lado cerrado da a la calle y en sus proximidades hay un timbre. ¿ Una mujer quiere abandonar un recién nacido? Avisa a la persona de guardia tocando el timbre. Inmediatamente el cilindro, girando sobre sí mismo, presenta al exterior su lado abierto, recoge al recién nacido y, prosiguiendo su movimiento, lo introduce al interior del hospicio. (Donzelot, 1977) Este dispositivo se irá transformando en clave moderna, y será re emplazado lentamente por entrevistas, exámenes y procedimientos 25 ALFREDO JUAN MANUEL CARBALLEDA jurídicos, pero, tal como describe Donzelot, es un dispositivo de intervención cuyas singularidades sirven como alegoría o metáfora para dar forma y sentido a las prácticas que se estaban creando. En principio podemos pensar este dispositivo como una forma de ingreso a la institución, a un nuevo mundo, a un orden diferente y opuesto del que se provenía. En este sentido, se trata de un dispositivo aséptico, mecánico, que detiene y da otro rumbo a la historia de quien es abandonado. Pero, además, este nuevo mecanismo se enuncia como tal para el afuera, para los otros, para esa sociedad que precariamente se está construyendo de manera distinta. Ahora, el abandono no conlleva los riesgos que pueden pesar sobre la conciencia: el niño abandonado ya no queda librado a la voluntad divina, al azar o a la providencia. Un nuevo elemento, moderno, diferente, corta ese juego, genera nuevos significados y ocupa el lugar de aquellos. El abandono queda ligado a un nuevo dispositivo. El torno implica un orden, traduce una idea de funcionamiento institucional. Su forma, su sentido, impactarán en las prácticas que intervienen en lo social, que tratarán de reproducirlo, de observarlo, de entenderlo, de parecérsele. El torno es la institución, una suerte de patronato todavía construido en forma precaria, pero que enuncia claramente sus significados e ideales que se relacionan con la filantropía, pero sobre todo con el intento de sugerir que existen mecanismos de corrección frente a todo aquello que pueda disolver lo que el pacto engendró como producto de una victoria en el marco de una disputa; es decir, señales en favor de quienes fueron derrotados en la contienda que dio lugar a la fundación contractual de la sociedad. En muchos casos, la filantropía será concebida como oposición a la caridad, en un escenario marcado cada vez más por la influencia del pensamiento ilustrado al tiempo que tomará elementos de esta o de las instituciones en las que se asentaba.

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