Documento de la Universidad del Atlántico Medio sobre Psicología del Desarrollo II. El Pdf explora el desarrollo evolutivo humano, desde la adolescencia hasta la vejez, incluyendo cambios físicos, cognitivos y psicosociales, así como enfoques teóricos de la identidad. Es un material de Psicología para el grado universitario.
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Psicología
del Desarrollo II
En Psicología del Desarrollo I se vieron las principales características del
desarrollo en la etapa infantil, en cuanto a los aspectos biológicos del crecimiento, el
aprendizaje perceptivo y de la inteligencia, la importancia de la función semiótica, así
como la adquisición del lenguaje y su relación con el pensamiento. En esta unidad nos
ocupamos de otra etapa transcendente en el desarrollo evolutivo humano, la
adolescencia. Además, se exponen algunos aspectos acerca del desarrollo adulto, pero,
sobre todo, el tema desarrolla los principales cambios y líneas de investigación en torno
al periodo de la vejez, con lo que se cierra el ciclo evolutivo humano.
Al igual que se habla, no de una infancia, sino de múltiples infancias, puede
aseverarse del periodo adolescente, pues cada cual contará de la feria según le vaya en
ella, por lo que ante los inevitables cambios fisiológicos y madurativos, que son
indudables y tangibles, habrá muchos mundos interiores, algunos donde primará más el
sufrimiento y la soledad, otros donde la camaradería será la tabla de salvación y otros
en que no se darán aparentemente saltos sino una continuidad; sin duda, serán los
entornos familiar, social y cultural, escenarios donde se definirán gran parte de la
complejidad de factores que afrontará cada adolescente, en su proceso hacia la vida
adulta. Lo que evidencia todo lo que se conoce acerca de la etapa es que una tarea
principal que le toca a cada adolescente se centrará, en mayor o menor medida, con
mayor o menor consciencia, en la forja de su propia identidad.
El acceso a la adultez implicará otras metas como persona, que también tienen
su trasfondo y sentido desde la psicología del desarrollo, aunque los verdaderos retos se
afrontarán en la etapa de la vejez, donde, hasta no hace mucho tiempo ha prevalecido
la idea del deterioro físico y cognitivo, abandono de la vida social y merma general como
individuo. Esto se contradice con los últimos avances, a nivel biopsicosocial y sanitario,
donde podemos encontrar longevidades cada vez más activas e implicadas en múltiples
frentes, que pueden ir desde el cuidado de los nietos, pasando por el mantenimiento de
una vida autónoma, hasta la consecución de logros y sostenimiento de una gran
actividad, tanto física como psíquica e intelectual. Siendo, eso sí, la calidad de vida que
se ha llevado en los periodos vitales anteriores lo que marcará en mayor medida la
diferencia en estas edades avanzadas, aparte de los aspectos heredados.
En Psicología del Desarrollo I se pudo conocer el periodo infantil. Aunque como
se ha referido en otras partes, no se pueden abarcar todos los hitos que supone la etapa
de la infancia, se trazaron la mayoría de los logros que consigue afianzar el niño en su
crecimiento. En esta unidad, los contenidos se centrarán en especificar los cambios
fisiológicos, físicos, cognitivos y psicológicos, que plantean grandes desafíos al
adolescente; se presentan también algunas contribuciones teóricas explicativas del
periodo desde diferentes concepciones del desarrollo humano.
El detonante para pasar de niño a preadolescente se denomina pubertad. Se
identifica con el conjunto de cambios observables a nivel físico y que obedecen a la
maduración sexual, que activa el crecimiento de los órganos sexuales. La liberación
hormonal, donde intervienen hipotálamo, hipófisis y gónadas (testículos y ovarios), da
la salida a unos cambios muy rápidos, como no se veían desde las fases iniciales del
neonato. Es conocida la popular frase de crecer de un día para otro, el denominado
popularmente estirón, característico de estos años.
Es importante considerar aspectos que se van conociendo mejor ahora, como la
poda neuronal, que se aprecia en el inicio de este periodo (desaparición de conexiones
sinápticas no utilizadas o ineficientes); y por otra parte, como contrapartida, la certeza
de una la ola de crecimiento neuronal (donde se consolidan y refuerzan otras
conexiones), que se ha evidenciado con técnicas de neuroimagen, que ocurre
secuencialmente, desde la nuca a la frente y de abajo a arriba, en el cerebro, lo que
permitirá reforzar las interconexiones en su conjunto, dando lugar a una red global
llamada conectoma (López Moratalla y Font, 2020). Se puede hablar de una maduración
en tres áreas cerebrales, límbica, cortical y de conexión interhemisférica.
Todo esto sucede con un patrón bastante específico en condiciones normales,
que ha podido ser evidenciado a través de los resultados en la investigación neurológica,
mediante neuroimagen, distinguiendo un conectoma sanamente desarrollado de otros,
que han estado sometidos a problemáticas psicológicas, expuestos a condiciones
ambientales inadecuadas o adicciones a sustancias, por ejemplo.
A nivel de diferencias entre sexos, parecen haberse hallado datos sólidos sobre
una regularidad en el aumento de conexiones interhemisféricas en el cerebro femenino,
mientras que en el masculino se incrementan más las conexiones intrahemisféricas, lo
que da lugar a que aparentemente el cerebro de la mujer se aprecia como más simétrico,
mientras que en el hombre aparece más asimétrico.
Esto podría dar explicación a fenómenos como la mayor fluidez verbal de las
chicas y una mejor orientación espacial en los chicos, más allá de las propias influencias
culturales derivadas del aprendizaje diferenciado, en el que tradicionalmente se venían
asignando las actividades en función del sexo.
Las influencias de la testosterona y de los estrógenos en la construcción de la
arquitectura cerebral también tienen su reflejo en ese sentido, al marcar diferencias
como las expuestas; por supuesto, ya desde la gestación, pero que se acentúan
enormemente en la pubertad. A nivel de estructuras cerebrales se conoce que la
activación de esta liberación hormonal comienza en el hipotálamo.
Esta influencia hormonal tambien es considerable en la amígdala y el hipocampo,
además del hipotálamo, lo que parece corresponderse con las diferencias manifiestas
entre ambos sexos. Esta liberación hormonal descrita en el circuito hipotálamo-hipófisis-
gónadas sexuales es la que da cuenta de los cambios en los órganos sexuales y otros
cambios en la fisiología y el cuerpo, distribución de la grasa y musculatura. Tal como se
puede observar en la imagen siguiente, donde se esquematiza el mecanismo de
liberación hormonal que involucra a estructuras cerebrales muy concretas (López
Moratalla y Font, 2020)
Neurona de la
alarma
T
E
HIPOTÁLAMO
S
T
Kisspeptina
R
Ó
GnRH
G
E
HIPÓFISIS
LH, FSH
N
S
TESTÍCULOS
OVARIOS
Fuente: Tomado de Neuropsicología de la infancia y adolescencia (López Moratalla y Font, 2020)
En este proceso, la molécula kisspeptina activa neuronas del hipotálamo que
hacen segregar la hormona liberadora de gonadotrofina (GnRH), lo que a su vez estimula
en la hipófisis la liberación de hormona luteinizante (LH) y hormona folículo estimulante
(FSH), fomentando el desarrollo de las gónadas (ovarios y testículos), así como la
producción de gametos (óvulos y espermatozoides) y hormonas esteroideas (estrógenos
y testosterona, entre otros), las cuales cierran, por decir así, el mecanismo, regulando a
su vez las producción de GnRH, LH y FSH. A nivel físico, es el mecanismo responsable del
desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Pero también de la maduración
cerebral y sus diferentes ritmos en función del sexo, lo que se materializa en un
desarrollo más activo en las chicas, madurando unos dos años antes que los chicos.
Otra afectación neurofisiológica en la adolescencia ocurre al llamado circuito de
recompensa. Se puede considerar como uno de los sistemas neuronales adaptativos,
básicos para la supervivencia de cualquier animal mamífero y el mantenimiento de la
motivación hacia una meta, relacionado con la obtención de placer, recompensa y
automatización de acciones, pero también muy implicado en el surgimiento de las
conductas adictivas.
Este sistema funcional neuronal abarca estructuras cerebrales que comienzan a
nivel del tronco encefalico, en el área tegmental ventral, siguiendo hasta el sistema
límbico, donde implica a la amígdala, el hipocampo, septum y núcleo accumbens, hasta
llegar a la zona cortical prefrontal, área de integración de la información, motivaciones y
otros aspectos cognitivos de toma de decisiones. Los neurotransmisores más implicados,
entre otros, en este sistema, son la dopamina, GABA (ácido gamma aminobutírico) y
glutamato.
Estos cambios en el circuito de recompensa son los que podrían dar cuenta de
los mecanismos que a menudo afectan la conducta en esta etapa, donde la búsqueda de
inmediatez en la gratificación parece exacerbarse, minimizando la relación riesgo-
beneficio, por lo que las reacciones de impulsividad y adicciones pueden manifestarse
mucho más a menudo en esta etapa; esto se produce al provocar cambios bioquímicos
permanentes, por la estimulación excesiva de dicho circuito, automatizando la respuesta
a los estímulos (López Moratalla y Font, 2020).
Como se ha mencionado, un fenómeno llamativo y evidenciado es la
constatación de cierto logro de mayor madurez que parece darse antes en las chicas.
Además, la denominada tendencia secular del crecimiento ha puesto de relieve un
proceso continuado en cuanto a la detección de adelanto de los cambios sexuales en el
proceso de desarrollo, apareciendo antes en el tiempo, por ejemplo, en la reducción de
la edad de la primera menstruación (menarquia). Hasta ahora, una explicación que se ha
dado como más válida es la derivada de las mejores condiciones propiciadas por los
cambios sociales tendentes a la llamada sociedad del bienestar, donde se han propiciado
mejoras sanitarias y en la alimentación.
La adolescencia implica toda una serie de cambios a nivel psicobiológico que se
inician en la pubertad, como se ha señalado en el apartado anterior. Estos cambios tan
visibles obedecen a una activación hormonal, pero también están mediatizados
socioculturalmente. Esto afecta a cómo son tratados los adolescentes en los contextos
familiares y sociales, siendo habitual que sean apelados de maneas contradictorias,
tanto como adultos o como niños.
Por tanto, cuando nos centramos en el periodo describiendolo como de
aparentes contradicciones del individuo, no podemos obviar el influyente contexto
social, las presiones ejercidas sobre los y las adolescentes y la propia ambivalencia adulta
e institucional como parte componente de todo el proceso.