Documento del Centro de Formación Álvaro sobre Santo Tomás de Aquino. El Pdf explora la distinción entre filosofía y teología, los conceptos de potencia y acto, y la relación entre esencia y existencia, temas clave de la filosofía universitaria.
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Santo Tomás de Aquino, el máximo representante del periodo escolástico (siglo XIII d.C), no solo introdujo nuevamente el pensamiento de Aristóteles en Europa, sino que fue uno de los pensadores más importantes que ha tenido el cristianismo. Su novedad no solo está en la filosofía que creo, sino en la forma como ordenó y secuenció todo el pensamiento. La repercusión que su filosofía ha tenido, tiene vigencia actual y es, para muchos, un acicate por descubrir en todos los órdenes del pensamiento.
CFA CENTRO DE FORMACIÓN ÁLVARO www.cfalvaro.com Tema 5. Santo Tomás de AquinoFundir la filosofía con la fe, la obra de Aristóteles con las verdades que Dios ha revelado al hombre y de las que la Iglesia es depositaria: ésta es la labor que se propone Sto. Tomás con toda claridad.
Para llevar a cabo esta tarea son necesarias dos condiciones fundamentales: la primera, es separar claramente la filosofía de la teología, La segunda condición, es diferenciar con claridad el objetivo de la filosofía del de l teología. Es decir, el ser de las criaturas y el ser de Dios.
La clave de la filosofía tomista es la fórmula de la analogía del ser. Esta fórmula es la más adecuada para expresar el principio de la reforma radical que Sto. Tomás aportó al aristotelismo. El ser de Dios y el de las criaturas es distinto. Los dos significados de la palabra ser ni son idénticos ni completamente distintos; sino que se corresponden proporcionalmente, de tal modo que el ser divino implica todo lo que la causa implica respecto al efecto. Sto. Tomás lo expresa diciendo que el ser no es unívoco ni equívoco, sino análogo, es decir, que implica proporciones distintas. La proporción es en este caso una relación de causa y efecto: el ser divino es causa del ser finito por que este es necesario y nosotros contingentes.
Santo Tomás distinguió entre teología y filosofía. La filosofía, y las restantes ciencias humanas, descansan en la luz natural de la razón. El filósofo utiliza principios conocidos por la razón humana, y saca conclusiones que son fruto del razonamiento humano. El teólogo, por el contrario, aunque utiliza su razón, acepta sus principios de la autoridad, de la fe: los recibe como revelados. Aunque en la teología se utilicen métodos filosóficos, la teología es distinta de la filosofía pues, el punto de partida de la teología son datos revelados.
Mientras el filósofo parte del mundo de la experiencia y se remonta racionalmente a Dios, en la medida en que Éste puede ser conocido por las criaturas, el teólogo parte de Dios según El se ha revelado a sí mismo; el método natural de la teología consiste en pasar de Dios a las criaturas, en vez de ascender de las criaturas a Dios, como hace el filósofo.
La diferencia entre filosofía y teología consiste en que el teólogo recibe sus principios de la Revelación, y considera los objetos de que se ocupa como deducibles a partir de lo revelado; mientras que el filósofo capta sus principios por la sola razón, y considera los objetos de que se ocupa no como revelados, sino como captables por la luz natural de la razón.
Por otro lado, nos encontramos con que hay verdades propias de la teología: serían aquellas verdades conocidas por revelación y que no pueden ser conocidas por la razón; hay, además, verdades propias solamente de la filosofía, puesto que no han sido reveladas. Pero hay, también, verdades comunes a la filosofía y a la teología, puesto que han sido reveladas y al mismo tiempo pueden ser establecidas por la razón. Por tanto, aunque tengamos, por un lado, objetos propios de la filosofía y, por otro, objetos propios de la teología, no podemos decir que teología y filosofía difieran radicalmente; hay verdades que son comunes a la filosofía y a la teología, aunque ambas disciplinas las traten de modo distinto.
No hay, pues, razón alguna para que otra ciencia no pueda tratar, en tanto que, conocidos por la luz de la revelación divina, de los mismos objetos de los que CFA CENTRO DE FORMACIÓN ÁLVARO www.cfalvaro.com Tema 5. Santo Tomás de Aquino 2tratan las ciencias filosóficas, según pueden éstos ser conocidos por la luz de la razón natural. Por tanto, la teología que pertenece a la doctrina sagrada difiere genéricamente de la teología que es parte de la filosofía (Summa Theologica, la, 1, 1, ad 2)
¿Puede el hombre al mismo tiempo creer (es decir, aceptar por la autoridad de la fe) y conocer (como resultado de una demostración racional) una misma verdad? ¿ Se puede llegar por caminos distintos al conocimiento de una misma y única verdad? Sto. Tomás responde que es absolutamente imposible que haya fe y conocimiento a propósito del mismo objeto, que la misma verdad pueda ser conocida científicamente (filosóficamente) y al mismo tiempo creída (por fe) por el mismo hombre.
Hay, no obstante, verdades que se pueden conocer mediante la fe y mediante un razonamiento filosófico -como, por ejemplo, la existencia de Dios: hay personas que saben que Dios existe porque creen en la palabra revelada; y hay otras personas que saben de su existencia porque racionalmente han demostrado que Dios existe -. ¿ Cómo es posible esto? La respuesta de Sto. Tomás es que Dios nos ha dado la razón para que la usemos; y obligación de todo buen cristiano es usar la razón de la que Dios lo ha dotado; ahora bien, hay personas que, o bien no tienen la suficiente capacidad para usar de su razón, o bien no tienen tiempo suficiente; es a estas personas a las que va dirigida la palabra revelada.
En cualquier caso, hay verdades que es imposible conocer por la razón y, en este caso, es ineludible acudir a la ayuda de la fe. Además, cuando se deja a la razón caminar sola demasiado tiempo, inevitablemente ésta acaba cayendo en errores, debido a la soberbia humana.
En este sentido, la fe cumple un papel complementario a la razón: por un lado, ayuda a conocer aquellas cosas que son incognoscibles por medio de la razón; y, por otro, marca el camino adecuado a la razón; en efecto, cuando usando exclusivamente la razón lleguemos a "verdades" contrarias a las verdades de la fe, sabremos que en algún punto del camino nos hemos equivocado, y deberemos volver atrás a buscar el error. Es decir, en ningún caso puede haber contradicción entre las verdades alcanzadas por medio de la fe y las verdades alcanzadas por medio de la razón; y si en algún momento encontramos alguna contradicción, será la razón quién se haya equivocado, pues la fe, al ser palabra de Dios, nunca puede equivocarnos!
Al hombre, cuyo fin último es Dios, que excede la comprensión de la razón, no le basta la investigación basada en la razón. Las verdades mismas, a que por sí sola puede llegar la razón, no pueden alcanzarlas todas las personas, y el camino que a ellas conduce no está libre de errores. Por ello, es necesario que el hombre fuera instruido convenientemente y con mayor certeza por la revelación divina. Pero la revelación ni anula ni inutiliza la razón, pues la gracia no elimina la naturaleza, sino que la perfecciona. La razón natural está subordinada a la fe.
La verdad de razón nunca puede ser opuesta a la verdad revelada; la verdad no puede contradecir la verdad. Cuando surge una oposición, es señal de que no se trata de verdades racionales, sino de conclusiones falsas o, al menos, no necesarias: la fe es la regla del recto proceder de la razón.
La mente humana conoce en dependencia de la experiencia sensible, y los primeros objetos concretos que conoce son los objetos materiales con los cuales entra en relación a través de los sentidos. Pero la reflexión sobre esos objetos lleva a la mente a descubrir una distinción entre los objetos mismos. Veo que las cosas cambian y, sin embargo, siguen siendo las mismas. Esta observación lleva a la mente a distinguir entre sustancia y accidente; sustancia, al igual que en Aristóteles, es aquello que permanece constante debajo de los cambios; mientras que accidente es aquello que acaece a la sustancia.
Ahora bien, dentro de los seres materiales no sólo podemos establecer distinción entre sustancia y accidente. Hay, en efecto, una distinción más, la correspondiente a materia prima y materia segunda.
Por ejemplo, cuando la vaca come hierba, la hierba no sigue siendo lo que era en el campo, sino que se convierte en otra cosa por la asimilación, mientras que, por otra parte, no deja simplemente de ser, sino que hay algo que permanece a través del proceso de cambio. Nos encontramos en este caso ante un cambio sustancial, puesto que es la hierba misma lo que ha cambiado; y el análisis del cambio sustancial conduce a la mente a discernir dos elementos, un elemento que es común a la hierba y a la carne en que la hierba se transforma, y otro elemento que confiere a ese algo su determinación, su carácter sustancial, haciendo de ello primero hierba y, más tarde, carne. Además, es concebible que cualquier sustancia material se transforme en otra. Así, llegamos a la concepción, por una parte, de un substrato subyacente a los cambios, que, considerado en sí mismo, no puede recibir el nombre de ninguna sustancia determinada, y, por otra parte, a la de un elemento caracterizante o determinante, que hace que las cosas lleguen a ser lo que son. El primer elemento es la "materia prima", el substrato indeterminado del cambio sustancial; el segundo elemento es la forma sustancial ("materia segunda"), que hace a la sustancia tal como es, y la determina así como vaca, hierba, oxígeno, hidrógeno, o lo que sea. Toda sustancia material está, así, compuesta de materia y forma.
La materia prima es la pura potencialidad, aquello en que un cuerpo está en potencia de transformarse; mientras que la materia segunda, o forma sustancial, es el principio que determina la esencia específica de un cuerpo. La materia prima está en potencia para todas las formas (materias segundas) que puede adoptar un cuerpo; pero, considerada en sí misma, es pura potencialidad. Por eso precisamente, por ser pura potencialidad, no puede existir por sí misma, pues no tiene sentido hablar de un ser que sólo existe en potencia; todo ser, para existir, ha de serlo en acto, y el acto viene determinado por la forma (materia segunda). Por tanto, hay que concluir que la materia prima fue creada al mismo tiempo que la materia segunda; es imposible que exista materia sin forma o, para decirlo en términos tomistas, es imposible que exista materia primera sin materia segunda.
Sin embargo, la distinción entre materia y forma, o entre materia prima y materia segunda, sólo es válida, según Sto. Tomás, para los seres corpóreos. En los seres incorpóreos no se puede hacer esta distinción; los seres incorpóreos serían según Sto. Tomás, forma pura. Ahora bien, ¿existen los seres incorpóreos ?; y, en caso de que existan, ¿hay seres incorpóreos distintos de Dios?
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