Desarrollo socioafectivo y de la personalidad en la infancia

Documento sobre el desarrollo socioafectivo y de la personalidad en la infancia. El Pdf explora las teorías de la socialización, las emociones y la cognición, y el desarrollo de la personalidad, siendo un recurso útil para estudiantes universitarios de Psicología.

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MÓDULO 7 - DESARROLLO
SOCIOAFECTIVO
7.1. SOCIALIZACIÓN
El proceso sociocognitivo se basa en el desarrollo del conocimiento general de todos los
objetos existentes (existencia), en el desarrollo de la conciencia de cuándo y por qué la
persona debe descifrar los objetos (necesidad) y en el desarrollo de las destrezas cognitivas
(inferencia) para descubrir esos elementos.
Asimismo, el conocimiento de objetos físicos y el conocimiento social se desenvuelven
mediante un proceso cognitivo. No obstante, la interacción social comporta un distinguido
intercambio comunicativo, además de acciones físicas y mentales, que le atribuyen una
comprensión especial.
Por lo tanto, la socialización es todo proceso que participa en el desarrollo de determinadas
capacidades y habilidades que ayudan al infante a integrarse en la sociedad, de forma activa y
participativa.
De hecho, la vida social del ser humano empieza muy temprano. Su proceso de socialización
comienza cuando nace y es cuando el bebé adquiere e interioriza valores, costumbres y
conductas propias de la sociedad en la que vive.
Así, la infancia es una etapa rica en el progreso del conocimiento social. Parte de esta se
caracteriza porque el niño dispone de una capacidad perceptiva y cognitiva que favorece:
Procesos mentales . Implican la adquisición del conocimiento de las personas y de uno
mismo, de sus emociones, pensamientos y puntos de vista; de la organización social
territorial e institucional; y de la moral, con actitudes, valores y normas sociales.
Procesos afectivos . Suponen la formación de vínculos, destacando su máximo
exponente con el apego que siente el pequeño hacia sus progenitores y cuidadores.
Procesos conductuales . Llevan al infante a la formación social de la conducta y a la
adopción de pautas socializadas para controlar su comportamiento. Dichas conductas se
aprenden por imitación, por refuerzos positivos y por preparación, instrucción y práctica.
En este sentido, el conocimiento social comprende todos los hechos y rasgos psicológicos que
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están dentro de la persona. También atiende las cualidades psicológicas en las relaciones
personales, atribuye rasgos de conciencia, de autodeterminación y de representación en el
entorno.
7.1.1. Teorías sobre la socialización
Existen varias descripciones que tratan la evolución de la conducta y de la personalidad. En
este sentido, todos los enfoques establecen como punto de partida la etapa infantil, por lo que,
el presente apartado solo se centrará en dicho periodo.
De hecho, desde la primera mitad del siglo pasado, el campo psicológico estableció el
desarrollo social mediante percepciones de diverso enfoque , como las siguientes:
Teoría conductista. Perspectiva que comprende la vida como un aprendizaje continuo,
basado en la relación entre experiencia y reacción conductual. Así, cada nuevo hecho
provoca una conducta, mientras que las respuestas antiguas o improductivas se extinguen.
Este proceso se denomina condicionamiento y puede ser:
Clásico o respondiente. Visión del científico ruso Iván P. Pavlov, quien considera que
un ser asocia un estímulo significativo a uno neutro, de forma que este último (neutro)
causa una respuesta similar a la anteriormente provocada por el primero (significativo).
Operante o instrumental. Pensamiento del psicólogo americano Burrhus F. Skinner,
quien establece que un ser aprende y repite una conducta según el refuerzo positivo
(gratificación del estímulo), negativo (eliminación del estímulo) o castigo que obtiene en
el pasado con una conducta similar. Aquí se incluye la perspectiva del conductista John
B. Watson, quien observa cómo las primeras experiencias del bebé, basadas en premios
y castigos, moldean y refuerzan su personalidad en el futuro.
Teoría psicoanalítica. Interpretación del desarrollo humano de acuerdo con las fuerzas
intrínsecas de la conciencia humana. Esta influye en el pensamiento y en la conducta de
una persona, además de configurar ciertas etapas evolutivas universales en el ser humano.
En esta óptica destacan:
Sigmund Freud. Su pensamiento vincula la personalidad y la conducta del ser humano
en diversas etapas psicosexuales, destacando la infancia. Cada fase muestra cómo el
individuo se desarrolla y adquiere su autonomía, además de buscar el placer
relacionado con las principales necesidades que supone cada etapa. Es decir, según la
edad, la persona tiene una necesidad de superar un conflicto y la forma en la que lo
experimenta y resuelve, influencia su personalidad y conducta. Esta teoría se desarrolla
en el siguiente capítulo.
Erik H. Erikson. Su perspectiva atribuye el desarrollo de la personalidad a la relación
de la persona con el entorno social, en forma de crisis sociales. La resolución de cada
crisis evolutiva depende de las características del individuo y del apoyo del entorno
social. Como Freud, Erikson cree que los problemas surgidos en la primera infancia
permanecen toda la vida y, partiendo de la teoría freudiana, desarrolla otras etapas
evolutivas que, durante la infancia, son:
Confianza frente a desconfianza. El bebé de hasta 2 años aprende a confiar o
desconfiar en otros (sus progenitores o cuidadores) el cuidado de sus necesidades
básicas. Si la relación con los adultos le inspira confianza y seguridad, experimenta
esta confianza cuando se compromete a explorar el mundo.
Autonomía frente a vergüenza y duda. El infante de 2 a 4 años aprende a ser
autosuficiente en su alimentación, en el control de los esfínteres, en su andar o en
su hablar. Sin embargo, su posible incapacidad o restricción paternal puede hacerle
dudar de sus competencias.
Iniciativa frente a culpabilidad. El niño de 3 a 6 años se esfuerza para actuar
con independencia, aunque la reacción del adulto y las expectativas de su cultura
pueden generarle sentimientos de orgullo o de fracaso.

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Desarrollo Socioafectivo

Socialización Infantil

El proceso sociocognitivo se basa en el desarrollo del conocimiento general de todos los objetos existentes (existencia), en el desarrollo de la conciencia de cuándo y por qué la persona debe descifrar los objetos (necesidad) y en el desarrollo de las destrezas cognitivas (inferencia) para descubrir esos elementos. Asimismo, el conocimiento de objetos físicos y el conocimiento social se desenvuelven mediante un proceso cognitivo. No obstante, la interacción social comporta un distinguido intercambio comunicativo, además de acciones físicas y mentales, que le atribuyen una comprensión especial. Por lo tanto, la socialización es todo proceso que participa en el desarrollo de determinadas capacidades y habilidades que ayudan al infante a integrarse en la sociedad, de forma activa y participativa. De hecho, la vida social del ser humano empieza muy temprano. Su proceso de socialización comienza cuando nace y es cuando el bebé adquiere e interioriza valores, costumbres y conductas propias de la sociedad en la que vive. Así, la infancia es una etapa rica en el progreso del conocimiento social. Parte de esta se caracteriza porque el niño dispone de una capacidad perceptiva y cognitiva que favorece: Página 1 de 16

  • Procesos mentales . Implican la adquisición del conocimiento de las personas y de uno mismo, de sus emociones, pensamientos y puntos de vista; de la organización social territorial e institucional; y de la moral, con actitudes, valores y normas sociales.
  • Procesos afectivos . Suponen la formación de vínculos, destacando su máximo exponente con el apego que siente el pequeño hacia sus progenitores y cuidadores.
  • Procesos conductuales . Llevan al infante a la formación social de la conducta y a la adopción de pautas socializadas para controlar su comportamiento. Dichas conductas se aprenden por imitación, por refuerzos positivos y por preparación, instrucción y práctica.

En este sentido, el conocimiento social comprende todos los hechos y rasgos psicológicos que están dentro de la persona. También atiende las cualidades psicológicas en las relaciones personales, atribuye rasgos de conciencia, de autodeterminación y de representación en el entorno.

Teorías sobre la Socialización

Existen varias descripciones que tratan la evolución de la conducta y de la personalidad. En este sentido, todos los enfoques establecen como punto de partida la etapa infantil, por lo que, el presente apartado solo se centrará en dicho periodo. De hecho, desde la primera mitad del siglo pasado, el campo psicológico estableció el desarrollo social mediante percepciones de diverso enfoque , como las siguientes:

  • Teoría conductista. Perspectiva que comprende la vida como un aprendizaje continuo, basado en la relación entre experiencia y reacción conductual. Así, cada nuevo hecho provoca una conducta, mientras que las respuestas antiguas o improductivas se extinguen. Este proceso se denomina condicionamiento y puede ser:
  • Clásico o respondiente. Visión del científico ruso Iván P. Pavlov, quien considera que un ser asocia un estímulo significativo a uno neutro, de forma que este último (neutro) causa una respuesta similar a la anteriormente provocada por el primero (significativo).
  • Operante o instrumental. Pensamiento del psicólogo americano Burrhus F. Skinner, quien establece que un ser aprende y repite una conducta según el refuerzo positivo (gratificación del estímulo), negativo (eliminación del estímulo) o castigo que obtiene en el pasado con una conducta similar. Aquí se incluye la perspectiva del conductista John B. Watson, quien observa cómo las primeras experiencias del bebé, basadas en premios y castigos, moldean y refuerzan su personalidad en el futuro.
  • Teoría psicoanalítica. Interpretación del desarrollo humano de acuerdo con las fuerzas intrínsecas de la conciencia humana. Esta influye en el pensamiento y en la conducta de una persona, además de configurar ciertas etapas evolutivas universales en el ser humano. En esta óptica destacan:
  • Sigmund Freud. Su pensamiento vincula la personalidad y la conducta del ser humano en diversas etapas psicosexuales, destacando la infancia. Cada fase muestra como el individuo se desarrolla y adquiere su autonomía, además de buscar el placer relacionado con las principales necesidades que supone cada etapa. Es decir, según la edad, la persona tiene una necesidad de superar un conflicto y la forma en la que lo experimenta y resuelve, influencia su personalidad y conducta. Esta teoría se desarrolla en el siguiente capítulo.
  • Erik H. Erikson. Su perspectiva atribuye el desarrollo de la personalidad a la relación de la persona con el entorno social, en forma de crisis sociales. La resolución de cada crisis evolutiva depende de las características del individuo y del apoyo del entorno social. Como Freud, Erikson cree que los problemas surgidos en la primera infancia permanecen toda la vida y, partiendo de la teoría freudiana, desarrolla otras etapas evolutivas que, durante la infancia, son:
  • Confianza frente a desconfianza. El bebé de hasta 2 años aprende a confiar o desconfiar en otros (sus progenitores o cuidadores) el cuidado de sus necesidades básicas. Si la relación con los adultos le inspira confianza y seguridad, experimenta esta confianza cuando se compromete a explorar el mundo.
  • Autonomía frente a vergüenza y duda. El infante de 2 a 4 años aprende a ser autosuficiente en su alimentación, en el control de los esfínteres, en su andar o en su hablar. Sin embargo, su posible incapacidad o restricción paternal puede hacerle dudar de sus competencias.
  • Iniciativa frente a culpabilidad. El nino de 3 a 6 años se esfuerza para actuar con independencia, aunque la reacción del adulto y las expectativas de su cultura pueden generarle sentimientos de orgullo o de fracaso. Página 2 de 16
  • Teoría del aprendizaje social. Enfoque que determina como la conducta individual resulta del aprendizaje adquirido. Teóricos como Albert Bandura, lo denominan determinismo recíproco, porque el aprendizaje se debe a la interacción entre las características personales, el entorno social y la conducta en sí misma. Esta teoría se fundamenta en procesos como:
  • Proceso de modelado. Una parte del aprendizaje social infantil se basa en observar el comportamiento de los adultos para formar el propio. La imitación conductual suele ocurrir en situaciones de inseguridad o inexperiencia, cuando se adquiere el comportamiento anteriormente exhibido de alguien admirable o similar al propio.
  • Proceso cognitivo y motivacional. La imitación no basta. El infante debe ser consciente de sus aspiraciones y capacidades, además de estar motivado para fijarse, almacenar, recuperar y aplicar la información cuando surge la oportunidad de emplear dicha conducta. La observación también permite ver el resultado de cada comportamiento, de este modo, el niño puede escoger e imitar la que más le interese, anticipando las posibles consecuencias. Así, el preescolar pasa de una conducta impulsiva a una más premeditada.
  • Teoría sociocultural. Optica del psicólogo ruso Lev Vygotsky que concibe el desarrollo como resultado de la interacción entre el infante y la cultura que le rodea. Para el psicólogo, la comunidad es un contexto de participación dirigida, donde el adulto conduce el niño hacia una zona de desarrollo próximo, para potenciar unos conocimientos y unas habilidades que todavía desconoce, pero que realiza con la orientación de padres y maestros. Así, los mayores instruyen competencias prácticas, sociales e intelectuales al infante aprendiz. Además, le facilitan el dominio de instrumentos culturales (como el lenguaje) para que exprese y absorba las ideas de los demás y de la cultura general para incorporarlas en su pensamiento y progresar en su desarrollo.

Desarrollo Emocional

Emociones en el Recién Nacido

El recién nacido no puede decir verbalmente como se siente hasta que integra las nociones básicas del lenguaje. Por esta razón, cuidadores, padres y otros deben interpretar sus conductas y expresiones, una tarea que implica determinar la impresión del bebé. La maduración cerebral del infante, durante su primer año, incorpora una programación evolutiva. Mediante esta, adquiere la capacidad de mostrar emociones específicas y la aptitud para entender y expresar como le afectan los acontecimientos que le rodean.

Emociones Primarias del Bebé

Una de las primeras reacciones emocionales que transmite el bebé desde su nacimiento es la angustia, registrada claramente mediante el llanto. Esta puede tener una diversa causalidad, relacionada con el dolor, la incomodidad, el hambre, el miedo o la amenaza, así como no tener razón aparente. Alrededor de los 3 o 4 meses, cuando el infante ya tiene cierta habilidad motora, si alguien o algo le impide moverse o le obstaculiza un objeto que le interesa, la angustia se combina con reacciones más fuertes como el enfado, la irritabilidad o la tristeza. Por otro lado, el menor tambien muestra su felicidad desde los primeros días de vida con una media sonrisa, provocada por un ruido agradable o por tener el estómago lleno. No es hasta las 6 semanas que aparece la sonrisa social, es decir, cuando el bebe sonríe en respuesta a una cara o a una voz. A partir de los 4 meses, las muecas derivan en sonrisas más amplias y risas, si algo le resulta muy agradable. Especialmente, durante una interacción social con su cuidador o progenitor. Página 3 de 16

Entre los 6 y los 9 meses de edad, todas las emociones infantiles básicas se diferencian entre sí. Además, son más variadas y selectivas, según la situación que experimenta el bebé. Una de sus reacciones más evidentes es ante el miedo, percibido por:

  • Ansiedad por la separación. El infante llora o se enfada cuando su cuidador se aleja o tiene miedo de que lo abandone. Se trata de una emoción presente hasta los 14 meses de vida, cuando tiende a disminuir gradualmente.
  • Desconfianza ante los extraños. El niño llora si una persona desconocida se acerca demasiado o se mueve de forma rápida y próxima a él. No obstante, su respuesta depende de su temperamento y de su apego familiar. También debe considerarse la conducta del extraño respecto al bebé y la situación en qué sucede el encuentro. Suele ser una reacción común hasta los 14 meses de edad.

En este sentido, hasta alrededor del año, la conducta emocional del pequeño parece mostrar una empatía no inferencial. Es decir, la expresión emocional de otra persona desencadena un contagio emocional ante el infante, pero sin que estos sentimientos le supongan un conocimiento social sobre la situación. De este modo, las emociones en la infancia se caracterizan por tener una duración breve y acabar bruscamente. Además, suelen ser intensas, diferentes y transitorias por las modificaciones en la fuerza del impulso y por la inmadurez cognitiva del infante.

Emoción y Cognición en la Infancia

A partir de la segunda mitad del primer año, el infante desarrolla una metamorfosis cognitiva con la que adquiere ciertas aptitudes de pensamiento, además de una memoria más eficiente. Por esta razón, el bebé obtiene una mayor sensibilidad y empieza a asociar diferentes expresiones faciales y gestos de emoción de las otras personas a un significado, a un suceso, o los relaciona a objetos concretos. Es decir, ante la conciencia sobre la causalidad, el infante transforma sus reacciones en emociones y las dirige hacia situaciones, objetos o personas que en realidad le provocan esta impresión o expectativa. Así, aprende a diferenciar la risa del llanto y las situaciones que ocasionan cada uno de estos factores. Dichas capacidades, sumadas a su experiencia, permiten que el niño seleccione y muestre con mayor habilidad más emociones, producidas ante una causa. De esta manera, según el estímulo, su reacción pasa de ser una expresión pasajera a tener una prolongada e intensa demostración. Hasta este punto, el infante ya presenta unas emociones primarias más fáciles de entender por parte de los adultos, un detalle que facilita un intercambio más estimulante entre las emociones del adulto y las del pequeño. Por otro lado, las emociones del adulto adquieren nuevos significados cuando el infante se fija en la emoción que le comunican sus padres y maestros ante nuevas situaciones. Es decir, el niño aprende cómo estos se sienten y reaccionan para atribuir un significado al nuevo entorno social al que se expone Página 4 de 16

Emociones Sociales del Infante

Durante los primeros 2 o 3 años del infante, el contexto social familiar guía sus emociones.

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