Literatura Española Contemporánea: movimientos y autores hasta 1975

Documento de la Universidad de Alicante sobre Literatura Española Contemporánea. El Pdf, un material esquemático y discursivo, aborda movimientos literarios como el Modernismo, el Krausismo y las generaciones poéticas del '27 y del '50, útil para estudiantes universitarios de Literatura.

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53 páginas

LITERATURA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA
© Á. L. P. de P.
GRADO EN ESPAÑOL: LENGUA Y LITERATURAS
UNIVERSIDAD DE ALICANTE
1.
Manifestaciones del «fin de siglo». Mítica del 98. Tipología del héroe novelístico noventayo-
chista. El Modernismo en el contexto de la literatura europea.
2.
Poesía desde el Modernismo a la Vanguardia. Significado global de la actitud vanguardista.
La vanguardia española en relación con la europea. Los poetas del 27 hasta la Guerra Civil.
3.
Poesía entre 1936 y 1975. Garcilasismo, neorromanticismo. Del neoexpresionismo a la poe-
sía social. Poéticas de los cincuenta. Poetas del 68.
4.
Narrativa entre 1936 y 1975. Novela de tesis, tremendismo, existencialismo. Facetas del rea-
lismo hacia el medio siglo. La renovación de los años sesenta.
5.
Direcciones del teatro anterior a la Guerra Civil: principales autores. El teatro entre 1936 y
1975. Teatro humorístico, poético y de evasión. La generación realista. Intentos de renova-
ción a partir de los años sesenta.
NOTA BENE. Es esta una sinopsis elaborada exclusivamente para uso de estudiantes de la asignatura (cód.
31524), como hilo de las explicaciones orales de las clases, a partir de o en consonancia con diversos trabajos
que se relacionan a continuación. Para el tema 1, Á. L. Prieto de Paula, Azorín frente a Nietzsche y otros asedios noven-
tayochistas, Alicante, Aguaclara, 2006; íd., «Pasión del absoluto (Derivas plástico-literarias del Prerrafaelismo)», en
AA. VV., Ut pictura poesis, Valencia, Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, 2011, pp. 80-93; íd., «Panenteísmo
y mística activa en “A don Francisco Giner de los Ríos” de Antonio Machado», Anales de Literatura Española, 27
(2015), pp. 159-177. Para el tema 2, se han tenido en cuenta P. Aullón de Haro & J. Pérez Bazo, La modernidad
poética, la vanguardia y el creacionismo, Málaga, Universidad de Málaga, 2000; G. Carnero, Las armas abisinias, Barcelona,
Anthropos, 1989. Para ese mismo tema, y en la parte específica de las vanguardias, se ha seguido puntualmente
J. L. Giménez Frontín, Movimientos literarios de vanguardia, Barcelona, Salvat, 1973. El tema 3 extracta la visión des-
plegada en Á. L. Prieto de Paula, La poesía española de la II República a la Transición, Alicante, Universidad de Alicante,
2021. El tema 4 ha sido contrastado con S. Sanz Villanueva, La novela española durante el franquismo, Madrid, Gredos,
2010. Para el tema 5 han sido útiles las exposiciones didácticas de J. Calero Heras y M. de Paco (en AA. VV.,
Literatura española del siglo XX, Alcoy, Marfil, 1978) y J. L. García Barrientos (en AA. VV., Curso de literatura española,
Madrid, Alhambra, 1978). Desde un punto de vista cronológico e intergenérico, lo concerniente al periodo anterior
a 1939 ha tenido como marco de referencia J.-C. Mainer, Modernidad y nacionalismo (1900-1939), Barcelona, Crítica,
2010; y, para lo correspondiente a la posguerra, J. Gracia & D. Ródenas, Derrota y restitución de la modernidad (1939-
2010), Barcelona, Crítica, 2011.
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1
MANIFESTACIONES DEL «FIN DE SIGLO». MÍTICA DEL 98. TIPOLOGÍA DEL HÉ-
ROE NOVENTAYOCHISTA. EL MODERNISMO EN EL CONTEXTO DE LA LITERA-
TURA EUROPEA.
Manifestaciones del «fin de siglo»
El «fin de siglo» español suele vincularse al
desastre colonial de 1898 (el Desastre por
antonomasia) y, más ampliamente, a los
males de la patria que se achacan a la España
de la Restauración: caciquismo, incultura,
dogmatismo religioso, aristocracia y clero
parasitarios... En él se depositan los alu-
viones que había ido arrastrando el Ocho-
cientos en su segunda mitad: final del
reinado de Isabel II, revolución setembrina
(la Gloriosa de 1868), sexenio revolucionario
(1868-1874: reinado de Amadeo de Saboya,
I República), Restauración borbónica.
Junto a las circunstancias políticas, es-
trictamente españolas, hay una serie de
rasgos del pensamiento europeo, relativos
al derrumbe de los bastiones del consuelo
filosófico y de la fe religiosa, que están
afectados por el avance del irracionalismo
nietzscheano. A los escritores del mo-
mento, en palabras de Ricardo Gullón, «la
burocratización de las religiones y la ero-
sión de las creencias les dejó desampara-
dos frente a la muerte».
Los pasos que deben considerarse en el
tránsito hacia el siglo xx, tanto en el pen-
samiento como en la literatura de creación,
son el krausismo (filosófico) y el regenera-
cionismo (ideológico y político) , que hacia
1900 se resuelven en «el 98» (literario).
a) Krausismo
Aunque alemán de origen, el krausismo se
hizo en España, donde lo introdujo Julián
Sanz del Río a partir de la metafísica de
Krause. Como sistema filosófico, cuaja en-
tre 1860 y 1875, pero su mayor rendi-
miento práctico llegó en el último cuarto
del siglo, a partir de la fundación de la ILE
(Institución Libre de Enseñanza).
Sanz del Río, que había entrado en con-
tacto con el krausismo en España, se im-
buyó definitivamente de esa doctrina du-
rante su estancia académica en Alemania
(1843-1844), y la difundió desde su tedra
de Historia de la Filosofía en la Universi-
dad Central (1854). Su Ideal de la humanidad
para la vida (1860; traducción y adaptación
de Krause) fue el evangelio de los krausis-
tas. Separado de la cátedra en 1868 por no
firmar una «adhesión voluntaria» a Isabel
II, ese mismo año, tras la Gloriosa, fue re-
puesto en ella y ocupó el Decanato de la
Facultad de Filosofía y Letras. Su muerte
en 1869 dejó descabezado al movimiento.
El krausismo es inicialmente una meta-
física ―cuestión de la que no nos ocupa-
mos aquí―, aunque tiende a verse sobre
todo como un sistema moral concretado
en el modo de vida de los krausistas, textos
vivos cuya obra escrita fue menos importante
que su ejemplo de rectitud ética, transigencia

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LITERATURA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA

C Á. L. P. de P. GRADO EN ESPAÑOL: LENGUA Y LITERATURAS UNIVERSIDAD DE ALICANTE

  1. Manifestaciones del «fin de siglo». Mítica del 98. Tipología del héroe novelístico noventayo- chista. El Modernismo en el contexto de la literatura europea.
  2. Poesía desde el Modernismo a la Vanguardia. Significado global de la actitud vanguardista. La vanguardia española en relación con la europea. Los poetas del 27 hasta la Guerra Civil.
  3. Poesía entre 1936 y 1975. Garcilasismo, neorromanticismo. Del neoexpresionismo a la poe- sía social. Poéticas de los cincuenta. Poetas del 68.
  4. Narrativa entre 1936 y 1975. Novela de tesis, tremendismo, existencialismo. Facetas del rea- lismo hacia el medio siglo. La renovación de los años sesenta.
  5. Direcciones del teatro anterior a la Guerra Civil: principales autores. El teatro entre 1936 y 1975. Teatro humorístico, poético y de evasión. La generación realista. Intentos de renova- ción a partir de los años sesenta.

NOTA BENE .- Es esta una sinopsis elaborada exclusivamente para uso de estudiantes de la asignatura (cód. 31524), como hilo de las explicaciones orales de las clases, a partir de -o en consonancia con- diversos trabajos que se relacionan a continuación. Para el tema 1, A. L. Prieto de Paula, Azorín frente a Nietzsche y otros asedios noven- tayochistas, Alicante, Aguaclara, 2006; íd., «Pasión del absoluto (Derivas plástico-literarias del Prerrafaelismo)», en AA. VV., Ut pictura poesis, Valencia, Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, 2011, pp. 80-93; íd., «Panenteísmo y mística activa en "A don Francisco Giner de los Ríos" de Antonio Machado», Anales de Literatura Española, 27 (2015), pp. 159-177. Para el tema 2, se han tenido en cuenta P. Aullón de Haro & J. Pérez Bazo, La modernidad poética, la vanguardia y el creacionismo, Málaga, Universidad de Málaga, 2000; G. Carnero, Las armas abisinias, Barcelona, Anthropos, 1989. Para ese mismo tema, y en la parte específica de las vanguardias, se ha seguido puntualmente J. L. Giménez Frontín, Movimientos literarios de vanguardia, Barcelona, Salvat, 1973. El tema 3 extracta la visión des- plegada en Á. L. Prieto de Paula, La poesía española de la II República a la Transición, Alicante, Universidad de Alicante, 2021. El tema 4 ha sido contrastado con S. Sanz Villanueva, La novela española durante el franquismo, Madrid, Gredos, 2010. Para el tema 5 han sido útiles las exposiciones didácticas de J. Calero Heras y M. de Paco (en AA. VV., Literatura española del siglo XX, Alcoy, Marfil, 1978) y J. L. García Barrientos (en AA. VV., Curso de literatura española, Madrid, Alhambra, 1978). Desde un punto de vista cronológico e intergenérico, lo concerniente al periodo anterior a 1939 ha tenido como marco de referencia J .- C. Mainer, Modernidad y nacionalismo (1900-1939), Barcelona, Crítica, 2010; y, para lo correspondiente a la posguerra, J. Gracia & D. Ródenas, Derrota y restitución de la modernidad (1939- 2010), Barcelona, Crítica, 2011.1

MANIFESTACIONES DEL «FIN DE SIGLO». MÍTICA DEL 98. TIPOLOGÍA DEL HÉ- ROE NOVENTAYOCHISTA. EL MODERNISMO EN EL CONTEXTO DE LA LITERA- TURA EUROPEA.

Manifestaciones del «fin de siglo»

El «fin de siglo» español suele vincularse al desastre colonial de 1898 (el Desastre por antonomasia) y, más ampliamente, a los males de la patria que se achacan a la España de la Restauración: caciquismo, incultura, dogmatismo religioso, aristocracia y clero parasitarios ... En él se depositan los alu- viones que había ido arrastrando el Ocho- cientos en su segunda mitad: final del reinado de Isabel II, revolución setembrina (la Gloriosa de 1868), sexenio revolucionario (1868-1874: reinado de Amadeo de Saboya, I República), Restauración borbónica. Junto a las circunstancias políticas, es- trictamente españolas, hay una serie de rasgos del pensamiento europeo, relativos al derrumbe de los bastiones del consuelo filosófico y de la fe religiosa, que están afectados por el avance del irracionalismo nietzscheano. A los escritores del mo- mento, en palabras de Ricardo Gullón, «la burocratización de las religiones y la ero- sión de las creencias les dejó desampara- dos frente a la muerte». Los pasos que deben considerarse en el tránsito hacia el siglo xx, tanto en el pen- samiento como en la literatura de creación, son el krausismo (filosófico) y el regenera- cionismo (ideológico y político) , que hacia 1900 se resuelven en «el 98» (literario).

Krausismo

Aunque alemán de origen, el krausismo se hizo en España, donde lo introdujo Julián Sanz del Río a partir de la metafísica de Krause. Como sistema filosófico, cuaja en- tre 1860 y 1875, pero su mayor rendi- miento práctico llegó en el último cuarto del siglo, a partir de la fundación de la ILE (Institución Libre de Enseñanza). Sanz del Río, que había entrado en con- tacto con el krausismo en España, se im- buyó definitivamente de esa doctrina du- rante su estancia académica en Alemania (1843-1844), y la difundió desde su cátedra de Historia de la Filosofía en la Universi- dad Central (1854). Su Ideal de la humanidad para la vida (1860; traducción y adaptación de Krause) fue el evangelio de los krausis- tas. Separado de la cátedra en 1868 por no firmar una «adhesión voluntaria» a Isabel II, ese mismo año, tras la Gloriosa, fue re- puesto en ella y ocupó el Decanato de la Facultad de Filosofía y Letras. Su muerte en 1869 dejó descabezado al movimiento. El krausismo es inicialmente una meta- física -cuestión de la que no nos ocupa- mos aquí-, aunque tiende a verse sobre todo como un sistema moral concretado en el modo de vida de los krausistas, textos vivos cuya obra escrita fue menos importante que su ejemplo de rectitud ética, transigencia 2ideológica y religiosa, laboriosidad, filan- tropía. El ello ayudó a la colonización krausista desde las cátedras universitarias y de insti- tutos, que fue combatida por Menéndez Pelayo y otros católicos a machamartillo. Políticamente, el krausismo desconfía de un Estado omnipotente, y predica la li- bertad contra toda tiranía y la configura- ción de una realidad supraestatal, patria uni- versal regida por una razón próxima a la fi- losofía ilustrada. Pero su piedra angular es la religión. El krausismo concibe la historia humana como un camino de perfeccionamiento que comienza en la edad simple, pasa por la edad opositiva y concluye en la edad armónica, con el ingreso del hombre en la «ciudad de Dios en la tierra», que veían inminente. El krausismo concibe un Ser Absoluto -pró- ximo al Ser Supremo de la Ilustración- y se asienta en el panenteísmo ('todo en Dios'), que el catolicismo entendió como simple panteísmo. Para los krausistas, las religio- nes positivas son un paso intermedio hacia la plenitud. De ellas conviene salvar lo que tienen de valor, particularmente el senti- miento de amor universal del cristianismo. De hecho, el decimotercero de los «Man- damientos de la humanidad» de Ideal de la humanidad ... señala: «Debes hacer el bien, no por la esperanza, ni por el temor, ni por el goce, sino por su propia bondad»; lo que actualizaría la moral kantiana, o la Ética de Spinoza: «La felicidad no es premio de la virtud, sino la virtud misma» (parte v, prop. 42). Poco a poco fue asentándose la idea de una religión racional, que algunos asimila- ban a un cristianismo esencial (incluso, más forzadamente, a un catolicismo «libe- ral»); pero se manifestaron enemigos de la ganga litúrgica católica (rituales, milagrería, jerarquías eclesiales), estableciéndose así una dicotomía entre cristianismo (doctrina moral de Jesús) y catolicismo (desviación eclesiástica y formularia de esa doctrina). Tal vez el punto más brumoso de su reli- giosidad, respecto al que tendieron a no pronunciarse tajantemente, sea la inmorta- lidad individual (vid. el poema de Antonio Machado «A don Francisco Giner de los Ríos»). La Iglesia católica se encargó de enco- nar las posturas. El primer Syllabus (1864), inspirado por Pío IX, definió como erro- res el racionalismo y el panteísmo; y el Concilio Vaticano I (1869-1870) proclamó el dogma de la infalibilidad papal, definió la revelación y atacó el racionalismo. La hostilidad sufrida por los krausistas radica- lizó a muchos de ellos, que terminaron di- vorciados del catolicismo, y muchos de ellos incluso de cualquier forma de fe. Sanz del Río había alentado una rege- neración moral que no pasaba por la revo- lución, sino por la colaboración con la historia; pero sus discípulos, viendo la ocasión pro- picia con la Gloriosa (1868), quisieron ace- lerar el curso natural que preconizaba el maestro, dándose a la acción política du- rante el sexenio revolucionario. Con la Restauración, desperdigados o recluidos en el ostracismo, los más constantes pasa- ron a una acción más lenta pero de mayor efectividad: la pedagógica, con la funda- ción de la ILE por Francisco Giner de los Ríos (1876). Ya en esta época, en un ám- bito dominado por el cientificismo, el krausismo hubo de proyectarse como es- tilo de síntesis -krausopositivismo-, au- nando espiritualismo y positivismo (con notas darwinistas o spencerianas, incluso ciertas ráfagas materialistas protomarxis- tas), y proponiendo su modelo como una utopía realizable. La ILE fue el refugio de diversos cate- dráticos krausistas tras el decreto de expul- sión firmado por el ministro Orovio (1875). En su fundación, Giner de los Ríos contó con la colaboración de su hermano 3Hermenegildo, Nicolás Salmerón, Joaquín Costa, Gumersindo de Azcárate, etc., y de socios y accionistas vinculados a la genera- ción realista (Valera, Echegaray, etc.). Mu- chas de sus ideas tenían precedentes dieci- ochescos (Jovellanos): la literatura senti- mental de la segunda mitad del XVIII ha- bía exaltado un tipo de educación domi- nada por lo intuitivo, el aprendizaje natural a través de la observación, y la ausencia de constricciones y castigos. Del Émile rousseauniano a las ideas educativas de Pestalozzi y Fröbel, se había ido generando una corriente de pensa- miento que solidificaría en la Institución. Esta se asentaba en la globalización de la enseñanza (rompiendo con la parcelación entre humanidades, ciencias y habilidades técnicas), la autonomía respecto del Es- tado, la coeducación, la cultura del cuerpo, la neutralidad religiosa, el antidogmatismo, la laboriosidad, un profesorado no vitali- cio, la supresión de la emulación y de los exámenes, las excursiones y el contacto con la naturaleza ... Claro que su dependen- cia de las aportaciones económicas de los educandos, provenientes generalmente de la burguesía ilustrada, le dio un estigma más o menos elitista, que hizo de ella una no con- fesada escuela de dirigentes. La ILE tuvo diversas proyecciones en el terreno de la pedagogía, la investiga- ción y la cultura: Museo Pedagógico, Junta para Ampliación de Estudios, Cen- tro de Estudios Históricos, Residencia de Estudiantes ... Con la guerra civil, más de veinte años después de la muerte de Giner, acaba definitivamente esta aven- tura. De su importancia da testimonio la orden de depuración de la enseñanza (10 de febrero de 1939, BOE franquista), donde se alude a estos profesores como forjadores de «generaciones incrédulas y anárquicas».

Regeneracionismo

En el fondo del pensamiento krausista la- tía la idea de regeneración de una España en horas bajas, tras un siglo de guerras, en- frentamientos ideológicos y fractura so- cial. Este espíritu regenerador cobra ím- petu con las deficiencias de la Restaura- ción (Constitución de 1876), su política de partidos turnantes (Pacto del Pardo, 1885), el caciquismo rampante, la crisis econó- mica, los grandes baldíos en manos de una oligarquía agrícola, la desvertebración de un país que concentraba la industria en Madrid, Cataluña y el País Vasco, y una co- rrupción generalizada. Un hecho señaló el cenit del pesimismo nacional: el Desastre ante la escuadra esta- dounidense en 1898 y la pérdida de los res- tos coloniales del antiguo imperio español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La derrota, mucho más que una calamidad militar, su- puso la constatación de la putrefacción de todo el sistema canovista de la Restaura- ción, y el sentimiento de fracaso nacional, concretado en la humillante paz impuesta por el Tratado de París (1898). A la frustración generalizada de ese tiempo contribuyó -o dio respuesta, se- gún se mire- la publicación de una serie de obras de Joaquín Costa (Colectivismo agrario en España, 1898; Oligarquía y caci- quismo, 1901), Miguel de Unamuno (En torno al casticismo, 1895), Ángel Ganivet (Idearium español, 1898), Rafael Altamira (Psicología del pueblo español, 1902), y otros como Ricardo Macías Picavea, Lucas Ma- llada, Ramiro de Maeztu, Santiago Ramón y Cajal, etc. Todos ellos proponen una regenera- ción nacional que, con sus diferencias in- dividuales, plantea la necesidad de abordar una reforma educativa y diversas medidas económicas, así como el plan hidrológico que resolviera el ancestral problema 4

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