Documento sobre la Edad Media: Tres Culturas y un Mapa Político en Constante Cambio (711-1474). El Pdf explora la conquista musulmana de Al-Andalus, la evolución del Emirato y Califato de Córdoba, los reinos de taifas, el Imperio Almorávide y Almohade, y el Reino Nazarí de Granada. Este documento de Historia para Bachillerato detalla los primeros núcleos de resistencia cristiana, las fases de la Reconquista y los modelos de repoblación, así como la organización política y el régimen señorial de los reinos cristianos.
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Tras casi cien años de fulgurante expansión, a principios del siglo VIII, los musulmanes ya dominaban el norte de África y se encontraban a las puertas de Europa. En el año 711, aprovechando las luchas entre facciones visigodas, el general Tarik desembarca en Gibraltar (peñón que recibe su nombre) con 10.000 bereberes (norteafricanos convertidos al islam) y derrota al ejército visigodo del rey Rodrigo en la Batalla de Guadalete (Cádiz).
Al año siguiente, Musa (gobernador de Ifriquiya) desembarca con un gran ejército compuesto por árabes y sirios para culminar la conquista. Las principales ciudades visigodas caen rápidamente, la mayoría de ellas por capitulación pactada con los invasores (a cambio de respetar las propiedades y religión de sus habitantes). En el año 714, toda la península está ya bajo control musulmán, con la excepción de las estribaciones montañosas cantábricas, donde resisten grupos cristianos. El intento de acabar con ellos fracasa en la Batalla de Covadonga (722). Gracias a ella, los territorios al norte de la Cordillera Cantábrica no fueron conquistados y se convirtieron en el primitivo núcleo de resistencia cristiana.
La expansión islámica continuó más allá de los Pirineos, llegando las tropas califales hasta el centro de Francia. Allí, sin embargo, fueron derrotadas por un ejército franco en la Batalla de Poitiers (732). Esto les hizo replegarse de nuevo hasta la península.
La dominación islámica de la península en los primeros siglos pasó por diferentes fases:
Tras la muerte de Almanzor (1002), se suceden varios califas de escasa autoridad. Al Ándalus entra en una espiral de enfren- tamientos entre facciones que luchan entre sí para hacerse con el control de territorios. Esta guerra civil (fitna) termina con la desaparición definitiva del califato en el 1031.
Al Ándalus se divide en decenas de reinos independientes, dominados por familias de las diferentes etnias (árabes, muladíes, bereberes e incluso eslavos). Pronto, algunas de las taifas más débiles (Algeciras, Morón o Niebla) fueron anexionadas por sus vecinas más poderosas (Sevilla, Badajoz o Zaragoza). Otras, como Toledo, acabaron cayendo en poder cristiano.
En general, su existencia fue turbulenta, siendo tan frecuentes las alianzas entre ellas como los enfrentamientos. Esto benefició a los reyes cristianos, que impusieron a las taifas el pago de tributos (parias) a cambio de protección. Su debilidad política, sin embargo, contrasta con su riqueza y dinamismo cultural y artístico.
A lo largo del siglo XI, la presión militar cristiana fue in crescendo hasta que en el año 1085 el rey Alfonso VI de León y Castilla conquista la ciudad de Toledo, lo que desata la alarma en el resto de las taifas. El rey de Sevilla, al-Mutamid, decide solicitar la ayuda de los almorávides para frenar a los cristianos. Se inicia así un periodo en el que Al Ándalus va a quedar sometido a dos grandes imperios magrebíes.
Los almorávides fueron un movimiento religioso que abrazó una interpretación rigorista del Corán. Estaban creando un extenso imperio en el norte de África cuando fueron llamados en auxilio de los musulmanes de Al Andalus. Tras desembarcar en la península derrotan a Alfonso VI en la Batalla de Zalaca (1086), para luego anexionarse las taifas.
El poder almorávide entró pronto en decadencia debido sobre todo a que su intransigencia religiosa fue mal aceptada por los andalusíes (y por las minorías ahora perseguidas), acostumbrados a una visión más abierta del islam. Además, exigieron ele- vados impuestos y no fueron capaces de defender el Ebro de la expansión aragonesa. Finalmente, su imperio de desmoronó por completo (también en África). En 1144, Al Andalus vuelve a dividirse en las "Segundas taifas" (1144-1170), que pronto sucumben a una nueva invasión norteafricana.
Suplantará al almoravide, al derrotarlo en el norte de África. Su integrismo es incluso mayor. De nuevo, llamados por las ame- nazadas taifas andalusíes, acuden a la península ibérica y las someten.
Hacen de Sevilla su centro de poder (dan testimonio la Giralda y la Torre del Oro). Aunque inicialmente derrotan a los castellanos en la Batalla de Alarcos (1195), van a sufrir una derrota decisiva ante una coalición cristiana en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212). Este revés supuso la pérdida musulmana de las tierras más ricas del país (valle del Guadalquivir y Levante) y aceleró el fin del Imperio almohade. Así surgen las "Terceras taifas", de las cuales, sólo Granada consigue sobrevivir al empuje cristiano.
Fundado por Muhammad ibn Nasr (Muhammad I), controla territorios de las actuales provincias de Granada, Málaga, Jaén y Almería. La supervivencia del reino durante los siglos XIII y XIV se basó en:
El reino nazarí disfruto de una economía próspera, basada sobre todo en el comercio de la seda. También sobresalió en el terreno cultural y artístico, como muestra el Palacio de la Alhambra.
En el siglo XV, el reino granadino entra en crisis, debido a las luchas entre facciones de la nobleza. Esto es aprovechado por los Reyes Católicos, que en 1482 inician una gran campaña de conquista. En 1492, el rey Boabdil rinde la ciudad, poniéndose fin a más de ocho siglos de dominio musulmán en España.
La España musulmana desplegó una economía próspera y albergó una sociedad de complejos matices. A nivel cultural, Al Ándalus fue un espacio de contacto entre lo islámico y lo cristiano (sin olvidar lo judío), aventajando en esplendor a la Europa cristiana.
Al Ándalus conoció un florecimiento urbano y comercial desconocido desde tiempos romanos. En su época de mayor esplendor, en el siglo X, el Califato de Córdoba era el Estado más rico de Europa.
La agricultura era la base del sistema económico. Se introdujeron avances técnicos que aumentaron la productividad agrícola. El regadío va a incrementar ahora su importancia gracias a la introducción de norias y acequias. A los cultivos mediterráneos tradicionales (trigo, vid y olivo) se van a unir nuevas especies como el arroz, la caña de azúcar, el algodón, los cítricos y otros árboles frutales, las plantas aromáticas y medicinales, etc. La ganadería también tuvo su importancia, destacando la cría de caballos y de ovejas.
Las minas siguieron explotándose, pero las que realmente prosperaron fueron las actividades artesanales, concentradas en las ciudades. El sector que más se desarrolló fue el textil (lino, lana y seda), seguido de otros como el trabajo del cuero, las armas, la construcción naval o los productos de lujo (vidrio, orfebrería, cerámica o perfumes). Además, fue de gran singularidad la fabricación de papel, instalándose en Xátiva la primera fábrica en 1144.
Buena parte de la producción se dedicaba al comercio interior en las ciudades, concentrado en el zoco. Pero, además, sobresalió el comercio internacional, muy diversificado geográficamente (Mediterráneo musulmán, Europa cristiana y Oriente) y sostenido por un sólido sistema monetario basado en el dinar (oro) y el dirham (plata). Junto a los productos manufacturados, fue muy lucrativo el tráfico de esclavos.
En la sociedad andalusí se entremezclan dos factores, el étnico y el religioso. Así, las diferencias que existen entre los conquistadores musulmanes (unos 150.000) se deben principalmente a su origen étnico mientras que las que se establecen entre la mayoría hispanorromana (unos 4 millones) responden más a su actitud religiosa frente a la ocupación (conversión o no al islam).
Podemos destacar los siguientes grupos:
Los árabes y sirios son una minoría aristocrática, al poseer las mejores tierras y ostentar los más altos cargos político- administrativos.