Documento de Universidad sobre Unidad 5: La Dimensión Biológica y Cultural Del Ser Humano. El Pdf explora la antropología, el origen de las especies y la cultura humana, analizando conceptos como el fijismo, creacionismo, lamarckismo y darwinismo, así como aspectos culturales distintivos del ser humano como el lenguaje y la inteligencia, para la materia de Filosofía.
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La antropología es la ciencia que se encarga del estudio del ser humano en todas sus facetas. Dicho término procede del griego: anthropos (ser humano) y logos (estudio o conocimiento). Podemos distinguir entre:
Desde que apareció la primera célula, la vida inició un lento proceso de evolución que culminó con la aparición del hombre, hace aproximadamente 100.000 años. Ningún científico duda hoy de que la evolución sea un hecho, sin embargo, como veremos a continuación, no siempre ha sido así.
La teoría imperante en biología hasta el siglo XIX fue el fijismo, que sostenía que las especies son inmutables y permanecen inalteradas de generación en generación. El fijismo fue defendido en la Antigüedad por Aristóteles (s. IV a.C.). Por ejemplo, según el fijismo el caballo y el asno no proceden de un antepasado común ya extinguido, sino que ambas especies existirían desde el principio de la vida tal como las conocemos hoy.
El creacionismo se sumará posteriormente a esta concepción fijista. Esta teoría se basa en una interpretación literal del libro del Génesis. Defiende que Dios creó el universo y todo lo existente: las especies serían pues, perfectas, sin necesidad de mejorar ni cambiar nunca, invariables e independientes entre sí. Esta teoría es una de las doctrinas esenciales del 1cristianismo. En el caso del hombre se considera que éste ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza.
Incluso en el siglo XVIII, el creacionismo fijista tuvo defensores como Linneo y Cuvier. Se opusieron a los trabajos de algunos contemporáneos como Lamarck, defensor del evolucionismo. Actualmente, el creacionismo ha sido rebautizado como teoría del diseño inteligente, que mantiene que una criatura tan perfecta como el ser humano no ha podido surgir azarosamente, por capricho de la naturaleza, sino que ha debido ser producida por alguien que planeó su creación: Dios. Esta teoría niega la teoría de la evolución.
Lamarck (1744-1829) fue el primero que formuló una teoría coherente de la evolución o transformación de las especies. Según él, los cambios graduales en las especies se dan por una adaptación del organismo al medio. En efecto, un cambio en el medio provoca nuevas necesidades en los organismos. Estos se esfuerzan por satisfacerlas, desarrollando los órganos necesarios y atrofiando los innecesarios (la función crea el órgano). Estos nuevos órganos serán transmitidos a sus descendientes. Por ejemplo, las jirafas tienen el cuello largo porque éste ha ido creciendo durante generaciones para poder alcanzar mejor las hojas de los árboles. Para Lamarck, la evolución posee un carácter finalista, es decir, que en el proceso evolutivo van surgiendo cada vez especies mejor dotadas, más desarrolladas, más perfectas.
El lamarquismo falla en su explicación del mecanismo de transmisión hereditaria. Hoy se sabe que los caracteres adquiridos no se heredan (sólo se heredan los genes y por tanto, las mutaciones genéticas). Si un padre de constitución débil desarrolla su musculatura como consecuencia del ejercicio, sus hijos seguirán naciendo con constitución débil.
Fue Charles Darwin (1809-1882) quien le dio rango científico a la teoría de la evolución al aportar las pruebas necesarias, recogidas durante cinco años de investigación por América del Sur y las islas Galápagos a bordo del Beagle. Sus obras El origen de las especies (1859) y El origen del hombre (1871) causaron una gran conmoción en su época.
Según Darwin, las poblaciones vivientes aumentan más rápidamente que el alimento disponible y como consecuencia de ello se produce una lucha por la existencia. En esta lucha, los individuos peor adaptados resultarán eliminados y sólo sobrevivirán los más aptos, que son los que exhiben variaciones favorables (selección natural). Éstos transmitirán sus caracteres a su descendencia. De esta manera, inexorablemente, el propio proceso de selección natural, generación tras generación, va actuando sobre los individuos, modificando las especies y originando especies nuevas. Se refutaba así el fijismo: las especies no son ni inalterables ni independientes las unas de las otras, de hecho, todas tienen un origen común.
La diferencia con Lamarck es que según Darwin la selección natural no es resultado del intento de los individuos por adaptarse al medio sino que casualmente, un organismo nace con una modificación que, por azar, le proporciona una ventaja en el medio en el que vive (ventaja de las jirafas de cuello largo sobre las de cuello corto, al ser capaces de alimentarse de las hojas altas de los árboles).
Además, Darwin establece que la selección natural no tiene ninguna finalidad, ningún propósito, no sigue ningún plan preconcebido ni se dirige hacia ningún ideal de perfección. Así, no hay variantes genéticas mejores que otras en sentido absoluto, sino que todo depende de las circunstancias del medio ambiente. Todas las especies, -incluida la humana- son igualmente perfectas.
2c) Teoría sintética de la evolución (neodarwinismo)
Tanto la teoría de Lamarck como la de Darwin eran insuficientes para explicar los mecanismos que determinaban qué características se transmitían de generación en generación o cómo lo hacían.
Para llegar a esa explicación, fue necesaria una explicación de la herencia biológica como la elaborada por Gregor Mendel (1822-1884) tras sus experimentos con guisantes en el jardín de su monasterio. Más tarde, alrededor de 1901, Hugo de Vries distinguió dos tipos de variaciones: las modificaciones o variaciones provocadas por cambios medioambientales, que no son hereditarias y las mutaciones, alteraciones que se producen en la estructura o el número de los genes de los organismos vivos y que se transmiten por herencia. Estas mutaciones se producen al azar y no necesariamente provocan mejoras.
La mutación es, por tanto, la clave de la evolución. Así nació la teoría sintética, que une mutacionismo y darwinismo y que es la defendida por la mayor parte de los científicos de finales del siglo XX: la mutación explica las alteraciones genéticas que dan lugar a la variabilidad de individuos y la selección natural actúa sobre esa variabilidad, eliminando las variaciones menos dotadas y perpetuando a los individuos mejor adaptados.
Autores posteriores completarán esas investigaciones hasta descubrir la existencia de un código genético, común a todas las especies vivas, inscrito en la doble hélice del ADN (descrita por J. Watson y F. Crick en 1953). En la actualidad, gracias al desarrollo de la biología molecular, conocemos en buena medida el funcionamiento y transmisión de la información genética, hasta el punto de disponer ya de ciertos "mapas" cromosómicos y de su "significado". Con ello, el ser humano ha conseguido tener las herramientas para modificar el proceso evolutivo de los seres vivos, incluido él mismo.
d) La teoría del equilibrio puntuado
Es una de las teorías más actuales. Defendida entre otros por Stephen Jay Gould, afirma que la evolución avanza a saltos, y no con un ritmo uniforme. Mucha veces el paso de una especie a otra no se debe a una lenta transición de la primera a la segunda, sino que en algún momento tendría lugar una macromutación positiva, es decir, una mutación a gran escala que solo en algunos casos puede resultar adaptativamente favorable.
En la actualidad se admite como un hecho científico que todos los seres vivos, incluido el hombre, proceden de otros por evolución. El ser humano está emparentado con especies como el chimpancé, el gorila o el orangután. Según los expertos la bifurcación de la rama de los hominoideos en póngidos y homínidos se produjo hace unos 5 o 10 millones de años.
Con el orden de los primates comparte el ser humano un conjunto de rasgos notables: manos prensiles -no así los pies-, extremidades delanteras con funciones especializadas, agudeza visual, reducido número de crías por parto y una gestación e infancia prolongadas, apreciable desarrollo del cerebro y cierta complejidad en la vida social.
Entendemos por hominización el proceso evolutivo a través del cual, partiendo de los primates, se adquieren las características biológicas y genéticas del ser humano actual (homo sapiens sapiens).
3La primera fase de la hominización se define por la aparición de la familia de los homínidos. Son homínidos "los animales del árbol genealógico humano, nosotros y todos nuestros antepasados, desde que nos separamos de los simios" (M. Leaky), y se caracterizan por la bipedestación.
No existe consenso sobre el árbol evolutivo de los homínidos. Los descubrimientos de en la sierra de Atapuerca (Burgos) de una gran cantidad de fósiles homínidos, por el equipo de Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal, han hecho replantearse el tradicional árbol evolutivo de los homínidos. A pesar de todo, los continuos hallazgos siguen sin aportar luz suficiente para desvelar el misterio de dónde y cómo apareció nuestra especie. Una de las hipótesis es que el ser humano actual tiene un origen único situado en el continente africano. Los humanos actuales habrían emigrado desde África y ocupado progresivamente otras partes del planeta.
La evolución humana se dio a dos niveles: biológico (cambios en la configuración del organismo) y cultural (cambios en las formas de vida). La humanización hace referencia a este segundo nivel y podemos definirla como el proceso por el que surge y se desarrolla la cultura, es decir, al conjunto de transformaciones en los modos de vida, en la relación con el medio y sus congéneres, que los hombres se transmiten por herencia social. Dicha cultura se transmite mediante un factor clave: el lenguaje.
En el proceso de humanización hubo una serie de factores determinantes:
Dentro de la clase de los mamíferos, el hombre pertenece al orden de los primates, con los que comparte una serie de características importantes, sobre todo desde el punto de vista bioquímico y genético: el hombre tiene 23 pares de cromosomas y los grandes monos antropoides 24. En cambio, las diferencias anatómicas son muy significativas y debieron ser favorecidas por la selección natural. Las más importantes son las siguientes, siendo las dos últimas las esenciales: