Documento de Ugt Esp Servicios Públicos sobre el laboreo del suelo. El Pdf, un material didáctico para Oposiciones, detalla las propiedades del suelo agrícola, la penetración de las raíces y las técnicas de labranza, con tablas clasificatorias y un estilo discursivo claro.
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UGT FSP Servicios Públicos Oposición Operario/a Agroganadero/a y Obras Públicas del Principado de Asturias
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Se considera que el suelo agrícola está conformado por un espesor variable, desde la superficie hasta los 50 - 60 centímetros, donde prosperan adecuadamente las plantas de sistema radicular superficial, hasta 120 centímetros o más, necesarios para las plantas que presentan un desarrollo radicular profundo.
Desarrollo del sistema radicular.
Este espesor de suelo, susceptible en la práctica de ser transformado por la actividad agrícola, debe ser simultáneamente bien conservado y mejor explotado, a través del tiempo. La pregunta que surge es: ¿ Como debe ser mantenido y/o modificado el suelo?
El suelo, como hemos estudiado hasta ahora, presenta unas características físicas y químicas que lo definen, a las que los vegetales están adaptados, y en base a las cuales se le encuadra en una u otra clase. A efectos prácticos los aspectos más importantes que hemos de manejar adecuadamente son: 1) la textura y la estructura, 2) el contenido de sales minerales y materia orgánica, 3) el grado de acidez, y 4) la fertilidad natural.
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Algunas características del suelo pueden intuirse o estimarse de forma cualitativa mediante la observación del terreno y/o por procedimientos más o menos sencillos. La presencia de determinadas especies vegetales sobre el terreno que pretendemos cultivar, o bien su estado vegetativo, nos puede informar a grandes rasgos acerca de distintos aspectos:
Observaciones y prácticas sencillas como las anteriores nos permiten adquirir una visión general en términos cualitativos del suelo que pretendemos cultivar. Podemos intuir que "es un suelo húmedo", que "es un suelo ácido", o que "tiene poca materia orgánica" ... pero no nos son útiles en la tarea de conocer con precisión los valores reales de los parámetros del suelo constituidos por sus características físicas y químicas, puesto que dichas observaciones únicamente nos informan en términos cualitativos de qué hay, sin descender a la cuantificación de la "cantidad exacta", imprescindible para la planificación del cultivo profesional.
El objetivo fundamental del laboreo, a través de la puesta en práctica de técnicas y medidas de control del estado físico del suelo, es la creación y mantenimiento de una adecuada estructura del suelo que permita las condiciones idóneas para la germinación de las semillas y el adecuado desarrollo de la actividad radicular.
Lograr una estructura migajosa en la que la humedad y la aireación sean las adecuadas, que los nutrientes estén al alcance de las raíces de las plantas, que una temperatura homogénea en el suelo permita el desarrollo de microorganismos que potencien los procesos de mineralización de la materia orgánica, la oxidación de los elementos orgánicos que permitan verter a la solución de suelo elementos menos complejos, la fijación del nitrógeno del aire, la liberación del CO2 del suelo, etc. es la función del laboreo, cuya buena práctica puede conseguir estos objetivos "mejorando el suelo", o cuya mala ejecución puede provocar daños algunas veces irreversibles.
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El tempero es el estado en que se encuentra el suelo cuando la humedad que presenta es la óptima para la realización de labores de mecanización. En este estado ideal la maquinaria penetra en el suelo con la mínima resistencia al avance, lo que implica ahorro en el gasto de energía.
Implementos como el subsolador rompen las diferentes capas de suelo verticalmente, sin hacer "cavernas" y facilitando el drenaje; el arado alza y voltea con facilidad el prisma de tierra exponiéndolo a la acción de los elementos atmosféricos.
Atendiendo la sucesión con que se llevan a cabo las diferentes labores de preparación de suelo podemos clasificarlas según el cuadro siguiente:
El laboreo del suelo implica fundamentalmente el uso de maquinaria para la ejecución de las prácticas necesarias para la preparación de los suelos para la siembra. Además de los efectos descritos anteriormente, con el laboreo se pretende enterrar los restos de cosechas y malas hierbas, incorporar fertilizantes y enmiendas, y adecuar la superficie del terreno con operaciones de acaballado, abancalado, aporcado, etc.
A continuación de describe brevemente, el orden clásico de los trabajos a realizar, y los objetivos que se persiguen, en la preparación del suelo.
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El subsolado es una labor que se realiza cada 3 ó 4 años con el fin de romper la suela de labor ocasionada por la mecanización continuada del terreno, facilitar el drenaje del agua en profundidad, y mejorar la aireación. Se debe realizar en primavera- verano, con suelo relativamente seco, a profundidad de entre 60 y 80 centímetros. los sistemas radiculares.
Figura 9.6 Labor de subsolador y detalle de reja subsoladora
El subsolador es un aparato que monta entre una y tres rejas o brazos, colocados perpendiculares al suelo y separadas una de otra entre 50 y 60 cms, montadas sobre un fuerte bastidor acoplado al enganche de tres puntos del tractor.
Requiere de tractores con mucha potencia ya que se calcula que cada reja necesita aproximadamente 50 Kw para penetrar 80 cm. en el suelo. Da como resultado sucesivos cortes verticales, desde la superficie hasta la profundidad de trabajo, separados el ancho de colocación de las rejas del subsolador.
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Al igual que el subsolado, el desfonde persigue los mismos objetivos, pero el implemento que se utiliza tiene diferente principio de funcionamiento. En suelos de difícil drenaje interno, este corta el suelo y lo inclina ligeramente, dejando en el fondo galerías por donde se deriva el exceso de agua. Requiere de igual potencia que el subsolado, pero la realización es más lenta, empleándose de 5 a 8 horas por hectárea.
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Salida del agua
Figura 9.7 Labor profunda endererada que permite la eliminacice dri agua en exceso
El alzado del terreno se realiza con el fin de enterrar restos de cultivos anteriores, incorporar al suelo enmiendas o abonos, y la destrucción de malas hierbas presentes sobre el terreno. La profundidad de ejecución de esta labor es de unos 30 centímetros, y se puede emplear un abanico de implementos agrícolas.
El arado de vertedera cumple dos funciones fundamentales. Por un lado corta eleva y voltea el suelo iniciándose así el proceso de disgregación, y por el otro, y de manera simultánea, entierra con un movimiento de inversión de la capa de suelo los fertilizantes y enmiendas dispuestos en la superficie.
El uso regular del arado de vertedera crea una capa de suelo, de espesor equivalente a la de penetración del apero, cuyas características físico-químicas son 88Oposición Operario/a Agroganadero/a y Obras Públicas del Principado de Asturias óptimas para el desarrollo de los cultivos. No obstante, si esta profundidad de trabajo se mantiene regularmente ocasionará la formación de la suela de labranza, a la que ya nos hemos referido anteriormente. Para evitarlo se recomienda variar la profundidad de penetración del arado en cada labor, o entonces con intervalo de al menos cuatro años entre uno y otro, realizar un pase de subsolador,
El trabajo con el arado de vertedera debe realizarse con el tempero adecuado, estado en el cual se demandará de la maquinaria empleada el menor gasto de energía para la realización de la labor.
Los arados de verdadera más utilizados son los monosurco, de una vertedera, o los bisurco reversibles, de dos vertederas, a una profundidad media de trabajo de 25-30 centímetros. La labor en estas circunstancias no requiere de gran tracción por lo que lo pueden realizar tractores de mediano tamaño, capaces de operar incluso en el interior de invernaderos, sin ocasionar apenas compactación en el suelo.
Si no se requiere la incorporación total de los materiales, se puede utilizar para esta labor arados de discos. No se produce la inversión total del suelo, tampoco un acabado muy fino, pero posibilita la siembra de algunos cultivos que no requieren de una cama de siembra demasiado elaborada.
Para labores menos completas, sin volteo del suelo, se puede utilizar el chisel. Realiza una labor vertical en el suelo, con enterramiento parcial de los restos o materiales a incorporar.
Estos implementos requieren entre 30 y 75 CV en el tractor que los porte, con un rendimiento de 2 a 3 hectáreas por hora de trabajo.
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