Documento de Universidad sobre Módulo 2 - Infancia y Familia. El Pdf, de Psicología, explora el concepto de infancia y sus fases de desarrollo, desde las necesidades físico-biológicas hasta las cognitivas y socioemocionales, incluyendo una autoevaluación.
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La infancia es la etapa vital que transcurre entre el nacimiento y la adolescencia. Es fundamental en el desarrollo integral humano, tanto a nivel biológico como psicosocial. Esto incumbe el mayor crecimiento físico experimentado en la vida y la construcción de las relaciones y el afecto con otras personas.
Es por esta razón que la infancia merece toda la atención y la protección del adulto, pues de esta etapa va a depender toda la evolución posterior del niño en la dimensión motora, lingüística, cognitiva y socioafectiva, entre otras.
En este sentido, es un periodo en el que existen unas necesidades para garantizar el adecuado desarrollo del menor y el bienestar infantil. Así, se diferencian tres tipos de necesidades.
A la concepción de infancia es necesario darle importancia y reconocer su carácter de conciencia social, porque esta transita entre agentes socializadores. La familia es el primer agente socializador y la escuela, el segundo.
La infancia es un periodo de la vida que engloba desde el nacimiento hasta la juventud de una persona. Sin embargo, este ciclo tambien se desgrana en diferentes estadios que marcan el ritmo de desarrollo del infante y suponen un indicador para conocer al niño en sus primeros años de vida.
De esta forma, se organiza en diferentes £ etapas infantiles, que se desarrollarán en los siguientes subapartados. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los límites entre estas fases son difusos y su cambio y evolución es independiente en cada niño, por lo que este esquema sirve como una mera orientacion ante tal tema.
Las fases en las que se divide la infancia son:
El periodo intrauterino se considera el inicio de la infancia, ya que engloba la etapa fetal precoz y la tardía. Además, involucra procesos de rápida formación y perfeccionamiento de los sentidos.
En este momento, el recién nacido depende totalmente de los demás, aunque ya se producen los principales aprendizajes, sobre todo, auditivos. No obstante, esta formación se caracteriza por una memorización simple y básica.
Dicha etapa se caracteriza porque las estructuras biológicas todavía no han madurado, las áreas del cerebro que dan base a la memoria autobiográfica no se han desarrollado y la criatura todavía no se ha sumergido en un ambiente social y sensorialmente estimulante.
El periodo neonatal se inicia en el nacimiento y acaba, en términos aproximados, al final del primer mes. Durante este, el bebé aprende las principales reglas de su entorno y, pese a no dominar el lenguaje ni sus conceptos, se establece una comunicación muy directa con las personas que lo rodean.
De hecho, el niño de esta edad es capaz de distinguir fonemas, además de discriminar varios idiomas por cómo suenan. Esta habilidad se va perdiendo en los primeros meses de vida.
En el ámbito físico, su estado es muy vulnerable, aunque se empieza a producir el crecimiento de todo su cuerpo, excepto en la fisionomía de la cabeza.
El periodo posneonatal o lactante es una de las etapas más tempranas y se da durante el primer año. Destaca porque el pequeño experimenta una serie de cambios físicos y psicológicos que comportan un cambio cualitativo en su comportamiento.
Esta evolución se basa en la lactancia, un aspecto esencial en esta fase de crecimiento, puesto que supone la vía de alimentación y el canal de comunicación con su madre. Por tanto, potencia una fuerte vinculación entre sus lazos afectivos.
El resultado de la etapa lactante es el desarrollo de una musculatura suficiente para que el bebé mantenga una postura erguida y empiece su desarrollo motor fino. Es decir, la coordinación entre las partes del cuerpo para poder mover brazos, piernas, cabeza e, incluso, ojos de forma simultánea y con precisión.
En el campo de la comunicación, al medio año de vida, es frecuente que el niño empiece a emitir balbuceos y falsas palabras.
Se denomina primera infancia al estadio que incluye desde el primer año de edad hasta el tercer año. Normalmente, esta etapa coincide con el tiempo en el que el niño asiste al jardín de infancia.
En este periodo, el pequeño empieza a controlar el uso del lenguaje, aunque este, más bien es telegráfico, con palabras sueltas. Más adelante, tiene la capacidad de formular frases simples, con incorrecciones frecuentes, como la generalización de conceptos.
También es característico el pensamiento egocéntrico del infante. Es decir, su atención se centra en conceptos que hacen referencia a sí mismo, dado que son más fáciles de comprender y de relacionar con las experiencias sensoriales.
En cuanto a cambios físicos, el crecimiento de su organismo continúa, aunque de forma más lenta que en las etapas anteriores. El tamaño del tronco y de las extremidades sigue creciendo y la diferencia entre la cabeza y el cuerpo se reduce.
En relación con el crecimiento físico, también adquiere mayor control de sus esfínteres, un aspecto con el que aumenta su autonomía y su voluntad de explorar y descubrir el entorno.
El periodo preescolar engloba de los 3 a los 6 años. Corresponde al tiempo en el que el infante tiene la habilidad de atribuir intenciones, creencias, motivaciones, así como de usar el recurso de la mentira con los demás. El resultado de esta capacidad es el enriquecimiento de las relaciones sociales.
Además, su facultad para pensar en términos abstractos se desarrolla más. Por una parte, es gracias a la mielinización de su cerebro y, por otra, a causa de convivir en comunidades amplias, diferentes de la familiar.
En esta misma línea, la mielinización hace que más partes del cerebro estén conectadas entre sí y que creen conceptos más abstractos, a partir de la combinación de ideas.
El enriquecimiento de las interacciones permite que las capacidades cognitivas del infante se desarrollen en tareas más complejas.
El periodo escolar es la última etapa de la infancia, que aglutina desde los 6 hasta los 12 años, y que da paso a la adolescencia. En este estadio, la capacidad de pensar en términos abstractos y matemáticos evoluciona bastante, aunque no llega a su máximo alcance.
Esto se debe a que la mielinización del cerebro sigue desarrollandose, conectando los lóbulos frontales con otras partes del encéfalo para establecer relaciones entre conceptos.
El resultado de todo este proceso en el niño es la adquisición de un mejor dominio de las funciones ejecutivas, como la gestion de la atención y la toma de decisiones.
Por otro lado, el círculo social ajeno a la familia empieza a ser uno de los factores que configuran la identidad del infante, y esto hace que las normas familiares empiecen a ser quebrantadas con frecuencia.
La impulsividad y la imagen física también suelen ganar importancia, así como la propensión a preferir metas a corto plazo que aquellas que se encuentran muy alejadas en el futuro. Al final del periodo escolar, el cuerpo empieza a manifestar las señales de la pubertad.
La noción de infancia tiene un caracter histórico y cultural.
Es por ello que ha tenido diferentes apreciaciones a lo largo de la historia. Su concepción, según el contexto cultural de la época, ha motivado una evolución cronológica hasta comprenderla como en la actualidad.
En la antigüedad, entorno el 354 y el 430 a. C., se concibe que el ser humano nace del pecado original. Por esta razón, para las clases más humildes el infanticidio destaca como costumbre religiosa, además de otros rituales de sumisión a las divinidades para verificar la resistencia del infante ante la vida.
Esta visión sobre la infancia cambia en el siglo IV d. C., cuando los adultos consideran el infante como su propiedad. La mayoría toma el niño como una carga de la que dispone para su cambio o uso, según interese. Esto ocurre porque los menores inspiran temores, fobias y fantasías en los adultos.
En los años previos al Renacimiento, el pequeño se concibe como un ser lleno de maldad y, por tanto, sujeto a castigos corporales para dominarlo. No hay un interés por el que los padres asuman su educación, sino que se encarga a terceros o, en el caso de las familias más humildes, prescinden de su crianza.
Ya en el siglo XVI, aristocratas y filósofos hablan sobre la naturaleza humana, su realidad social y económica. En este debate intelectual también se incluye la infancia. De hecho, el niño se sigue viendo como una propiedad y un recurso económico, pues el trabajo infantil es un aporte más en la familia.
Por el contrario, la niñez en el siglo XVII es vista como un estado de pureza e inocencia. Existe la idea de que el menor tiene una bondad pura, pero implícita en su visión como persona salvaje que hay que "domesticar". Por esta razón, las actitudes de castigo físico son recurrentes.
Es en este punto donde cabe destacar al inglés John Locke (1632-1704). Este filósofo difunde