Diapositivas de Universidad sobre Teología del Cuerpo: el hombre histórico y la redención del cuerpo. El Pdf explora conceptos de ethos y eros en la fe cristiana, la pureza del espíritu con referencias a San Juan Pablo II y San Pablo, e incluye objetivos didácticos y bibliografía para Religión.
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Las palabras de Cristo
Profesor: Rafael Gil
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Universidad Francisco de Vitoria UFV Madrid Instituto Desarrollo y PersonaEl hombre histórico y la redención del cuerpo
Partiendo del sermón de la montaña, analizamos Génesis 3 y las consecuencias del pecado original: La pérdida del valor virginal originario y la concupiscencia. El hombre es un ser caído, pero más importante, es que es un ser redimido por Cristo. Cristo mismo nos ha redimido tomando él mismo un cuerpo para enseñarnos el verdadero significado de nuestro cuerpo. Por lo mismo, los estudiantes comprenderán qué es lo que ha cambiado en el hombre originario después del pecado original, y como ha afectado esto en la esfera de nuestra sexualidad. Reconocerán que el cuerpo no es meramente una realidad biológica, sino más aún, una realidad teológica. A su vez, entenderán que la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María, es el culmen de la historia y que es lo que nos permite vivir esta vida mortal con esperanza.
Graduado en el Theology of the Body Institute, Philadelphia EE.UU. Máster de Humanidades por la UFV. Profesor de Teología del Cuerpo en la UFV.
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A lo largo del segundo tema de nuestro curso, hemos profun- dizado en el punto de partida de toda la antropología teoló- gica de la Iglesia católica: el hombre originario que nos habla de nuestra creación como hombres y mujeres a imagen y se- mejanza de Dios. Es decir, que el hecho de que seamos seres sexuados es mucho más que una realidad biológica: es una realidad teológica.
Y es precisamente a través de nuestro cuer- po que podemos en- tender quién es Dios y nuestro destino eterno a la comunión.
A pesar de todo, durante mucho tiempo no se ha dado suficiente importancia a esto y muchos cristianos menos- precian el cuerpo, como si lo único digno de salvación fuese el alma espiritual. La expresión "salvación de las almas" o "salvar tu alma" así como las palabras mismas de Cristo: "Necio, esta misma noche te van a reclamar el alma"1, re- firiéndose a aquél insensato que destruyó sus graneros para construir unos más grandes, confiado en que tenía riquezas de sobra para vivir de sus rentas y abandonarse a los placeres, han sido interpretadas muchas veces como un desprecio del cuerpo. Sin embargo, la realidad de lo que piensa y dice la Iglesia al respecto, es bien distinta. Rezamos el credo y repetimos a menudo "espero en la resurrección de los muertos y la vida en el mundo futuro"2 en la que estamos haciendo referencia a nuestro cuerpo sin darle la importancia que realmente tiene. San Pablo nos dice con toda claridad que "todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo" 3
Es decir, no es tan sólo el cuidado del alma sino de todo nues- tro ser, porque mi cuerpo habla de quien soy. No puedo existir en plenitud sin mi cuerpo. Es por ello por lo que ne- cesitamos entender a qué se refiere la Teología del Cuerpo cuando se habla de la "Redención del Cuerpo". Nos adentra- mos así en la segunda parte del primer tríptico, lo que San Juan Pablo II llama el hombre histórico, que somos tu y yo y todos los que en este mundo luchamos por hacer el bien y evitar el mal; luchamos porque nos damos cuenta de que algo se ha torcido y nuestras decisiones a veces nos alejan de nuestro fin último. Nos reconocemos débiles ante las tenta- ciones como nos dice San Pablo:
I "todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo"
"Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí. Pues sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo. Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Así, pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal. En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros." 4
1 Lc 12, 20 2 Es uno de los dogmas de la fe católica expresado en el Credo Niceno-Constantinopolitano que se definió durante el Concilio de Constantinopla en el año 381. 3 1 Tes 5,23 4 Rom 7, 17-25
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Este es el ciclo más largo de las catequesis de San Juan Pablo II, ya que consta de 40 predicaciones entre el 9 de abril de 1980 y el 29 de abril de 1981. En el libro que recoge las catequesis en su conjunto que como ya sabemos se titula "Hombre y Mujer los creó. Catequesis sobre el amor humano" (HM), estas comprenden desde la número 24 hasta la 63. El esquema es el siguiente:
Podemos ver claramente en este esquema que, partiendo del sermón de la montaña, San Juan Pablo II recorre los diferentes estadios de cambio en la esencia del ser humano: Las consecuencias del pecado, los mandamientos como remedio ético del Ethos desordenado, las consideraciones sobre el corazón humano y el Eros, la redención y la pure- za como vida en el espíritu. Nosotros trataremos el tema más en su conjunto, dejando el estudio de cada una de las partes para ulteriores cursos de profundización.
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Con relación a nuestro tema de estudio, recordemos que San Juan Pablo II comienza todas sus reflexiones haciendo referencia a un pasaje específico del Evangelio. Las palabras de Cristo son siempre el punto de partida de la Teología del Cuerpo. En nuestro caso, es decir en lo que se refiere al hombre histórico, partimos de ese discurso de Jesús en donde, hace mención de uno de los mandamientos de la ley, pero quiere dar un paso adelante en la concepción de su significado más profundo:
"Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulte- rio con ella en su corazón." 5
Este texto, que forma parte de las enseñanzas de Cristo en el Sermón de la Montaña, constituye "una revisión fun- damental del modo de comprender y cumplir la ley moral de la Antigua Alianza". 6 El pueblo de Israel había multiplicado las normas a raíz de la caída de nuestros primeros padres y de la pérdida del valor virginal originario. Es lo que se conoce como "ley Mosaica". 7 Sin embargo, en lo que se refiere a este mandamiento - No cometerás adul- terio- limitaba el pecado al acto del cuerpo, sin tener en cuenta dónde nacen esas inclinaciones. Con estas palabras, Cristo hace patente que no ha venido a abolir la ley y los profetas, sino a llevarla a la plenitud". 8 Y esta plenitud pasa necesariamente por el corazón: mientras no tengamos el corazón orientado en la dirección que desde el principio Dios quiso, no será posible liberarse de la "norma". Es decir, una cosa es el mandamiento, el cual es una directriz que nos ayuda a entender los límites en los cuales se tienen que mover nuestras decisiones, lo que podríamos llamar ética, y otra cosa es el Ethos del corazón del hombre, lo que anhela en lo más profundo de su ser. Ha sido el pecado original el que ha hecho que sea necesaria la norma, porque nuestro corazón se ha corrompido.
Sin embargo, Cristo no vino al mundo a darnos reglas de comportamiento, sino a cambiar nuestros corazo- nes, de tal forma que no necesitemos la norma. Dicho con un ejemplo muy fácil de entender, en términos generales podemos decir que todos tenemos admiración y amor hacia nuestra madre: es de quien hemos recibido la vida, la que nos ha engendrado en su seno, la que, durante nuestros primeros años de vida se ha dedicado en cuerpo y alma a darnos todo cuanto necesitábamos. En este sentido, no hace falta ninguna norma que me recuerde que no debo maltratar, insultar, atormentar a mi madre ... porque no deseo hacerlo. En este ejemplo el corazón no necesita de la norma porque está ordenado al bien objetivo. Por ello, cuando recordamos las palabras de Cristo, "habéis oído que se dijo no cometerás adulterio, pero yo os digo todo aquél que mira a una mujer deseándola ya ha pecado con ella en su corazón ... " podríamos traducirlo como: "existe una norma que dice ... pero lo que yo quiero es que tu corazón se vea libre de la norma, porque desea lo que Dios quiere, porque se reconoce como su hijo muy amado".
En nuestro mundo actual, existe esa idea de que los mandamientos restringen nuestra libertad, y que lo que nos gustaría sería "liberarnos de ellos", cuando en realidad, los mandamientos son los que nos "liberan" de conver- tirnos en esclavos de nuestras pasiones. Es verdad que 7 de los 10 mandamientos de la ley de Dios comienzan con un "no" rotundo que nos ha sumido muchas veces en una visión negativa de la religión. Pero si logramos esa conversión del corazón, si aceptamos en nosotros la redención del corazón que Cristo ha venido a traernos, nos sentiremos liberados de la norma, no porque sea incómoda, sino sencillamente porque no tendremos deseo alguno de romperla.
5 (Mt 5, 27-28) 6 (HM 49,1) 7 La ley mosaica es el conjunto de leyes y normas contenidas en el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) en el Antiguo Testamento de la Biblia, atribuidas a Moisés como el legislador de los hebreos. Se considera como la base del sistema legal y religioso del pueblo judío y ha tenido una gran influencia en la religión cristiana y en el derecho occidental. La ley mosaica abarca una variedad de temas, incluyendo la religión, la moral, el derecho civil y el derecho penal. 8 Mt 5, 17)
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