Documento sobre la narrativa en la segunda mitad del siglo XX. El Pdf, de nivel universitario y enfocado en Literatura, explora el contexto histórico-social, el exilio y la evolución de la novela en los años 40 y 60, presentando autores como Rosa Chacel, Miguel Delibes y Juan Marsé.
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Los narradores exiliados no tuvieron que hacer frente a las trabas de la censura, pues en sus distintos países de acogida gozaron de libertad. Sin embargo, durante muchos años, sus obras resultaron desconocidas para los lectores españoles, ya que fueron prohibidas y publicadas de forma tardía en España.
A pesar de no constituir un grupo homogéneo, en las obras de estos autores y autoras se aprecia cómo la Guerra Civil se erige en tema fundamental. Con diversos planteamientos y técnicas narrativas, sus novelas abordan las consecuencias de la contienda, el tema de España o la tragedia del exilio.
Rosa Chacel fue una autora influenciada por Ortega y Gasset y por el arte de vanguardia. Su narrativa se caracteriza por la introspección, el intelectualismo, el tratamiento del tiempo y de la memoria, así como por el esmerado cuidado en su prosa. Antes del exilio había escrito Estación. Ida y vuelta (1930). Al exilio pertenecen: Memorias de Leticia Valle (1954) y La sinrazón (1960).
Ramón J. Sender es un novelista cuyo compromiso lo convierte en uno de los máximos representantes del realismo social. Se dio a conocer antes de la guerra con títulos como Imán (1930) o Siete domingos rojos (1932). Su prosa es sobria, precisa y carente de artificio, y su producción narrativa, muy variada.
Max Aub fue un autor fecundo que cultivó todos los géneros. Sus primeras obras se hallan ligadas a la experimentación vanguardista. En 1934 publica Luis Álvarez Petreña, novela con la que emprende el camino de la rehumanización que, posteriormente, lo conduce al compromiso político. Otras obras suyas son Las buenas intenciones (1953),novela de corte galdosiano; o La calle de Valverde (1961), sobre la dictadura de Primo de Rivera.
Francisco Ayala fue un narrador y ensayista cuya obra posee una gran calidad estética y una fuerte carga intelectual. Evoluciona desde el vanguardismo de sus obras previas al exilio hacia inquietudes existenciales y de compromiso humanístico y social, como demuestran sus dos novelas de dictador: Muertes de perro, 1958; y El fondo del vaso, 1692. Es, además, uno de los mejores cuentistas del siglo, con títulos como Los usurpadores (1949).
Elena Fortún fue una escritora prolífica. Escribió ensayos, reportajes, novelas. Se dedicó, principalmente, a la literatura infantil, y consiguió gran éxito con la serie sobre el personaje Celia, una niña y una joven en las que refleja muchos de sus rasgos personales. Resaltamos la actualidad de Celia en la revolución, pues, como la protagonista, la autora también pasó todas las vicisitudes de la guerra y plasma de manera muy fiel los abusos, crímenes, actos cotidianos y hechos heroicos que suceden en las contiendas.
La desorientación y la pobreza creadora caracterizan la narrativa de la Guerra Civil y de la inmediata posguerra. La ruptura con la tradición inmediata, el abandono de los alardes vanguardistas, la carencia de maestros, el exilio, la censura y el aislamiento, que impedía importar obras extranjeras provocan el estancamiento del género.
A pesar del desolador panorama narrativo de los primeros años de posguerra, inician su trayectoria literaria algunos jóvenes escritores llamados a convertirse en los narradores más destacados del siglo xx. Con ellos, el género se revitaliza, y surge con fuerza la novela existencial, que traslada el malestar social a la esfera personal tratando de sortear con ello a la censura. En el arranque de la novela resultan decisivas las siguientes obras: La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, está considerada como el punto de partida de la narrativa de posguerra. La novela fue un éxito rotundo e inauguró en España el llamado«tremendismo>>, Nada, de Carmen Laforet; y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes. De tono amargo y pesimista. En la obra se esbozan ya las que serán las líneas temáticas del autor: la infancia, la muerte y la soledad.
Los narradores de los años 50, los llamados «niños de la guerra», trataron de dar testimonio de la realidad e intentaron juzgarla y combatirla. Las obras del realismo social tienen los siguientes rasgos: orientación realista y temática centrada en las desigualdades sociales, reducción espacial y temporal y predominio de la estructura lineal, por citar algunos ejemplos.
Asimismo, dentro del realismo social, se distinguen dos tendencias:
En el objetivismo, la mirada del novelista registra la conducta de los personajes sin comentarios ni interpretaciones, de forma que los lectores extraigan sus propias conclusiones, por lo que la crítica se realiza de forma implícita. Las obras más destacadas son Los bravos, de Fernández Santos y El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio.
En el realismo crítico, los autores reflejan la realidad haciendo hincapié en las miserias e injusticias. Su propósito es la denuncia con la intención de transformar la sociedad. Destacan estas obras: Tormenta de verano, de Juan García Hortelano; Central eléctrica, de Jesús López Pacheco.
Con la publicación de La colmena de Camilo José Cela, se produce una renovación técnica de la novela española de esta década, secundada por autores de gran renombre como Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio, así como Ana Matute y Dolores Medio.
Como ya sabemos, Cela está considerado como el iniciador del tremendismo, con la publicación en 1942 de La familia de Pascual Duarte, uno de los principales acontecimientos novelísticos de la posguerra.Su segunda gran obra, La colmena (1951), es un retrato fiel de la amarga realidad de la posguerra, condicionada por el hambre, el miedo y el sexo. La acción se desarrolla en Madrid, en los años cuarenta. No hay un solo protagonista: por la novela desfilan alrededor de doscientos personajes. Se trata de un gran retrato social, una novela coral cuyos personajes se retratan hablando; sin embargo, no podemos hablar de conductismo, ya que las intervenciones del narrador, llenas de humor y de ternura, nos lo impiden. Se encuentra en el límite entre lo existencial y lo social, y supone el inicio de la novela social de los cincuenta.
Miguel Delibes está considerado como el máximo representante del realismo intimista. En una primera etapa de su producción, aborda los temas de la tristeza y la frustración. Buen ejemplo de ello es La sombra del ciprés es alargada, novela preocupada por lo humano, de profunda hondura psicológica, cuidadas descripciones del paisaje y diálogos expresivos.
En su segunda etapa escribe El camino (1950), Las ratas (1962) o Mi idolatrado hijo Sisí (1953), entre otras, todas ellas novelas representativas del realismo social: las dos primeras se enmarcan en un ambiente rural; la tercera narra las costumbres y la mentalidad de la burguesía provinciana.
La prosa de Delibes se caracteriza por su capacidad para construir personajes, reflejar ambientes (tanto rurales como urbanos) y por un dominio del léxico y de los más variados registros lingüísticos, en especial el habla popular, donde alcanza sus más altas cotas.
Ana María Matute es una de las escritoras más personales e independientes de la narrativa del momento; se aprecia en ella una tendencia a presentar la realidad no tal cual, sino transformada por su propio punto de vista. Su obra está marcada por el pesimismo y dominan en su producción los tonos trágicos y sombríos. Atiende, igualmente, a los problemas sociales y a la situación del ser humano en la realidad cotidiana.
Podemos clasificar la obra de Ana María Matute en dos grandes bloques: obras decontenido fantástico, donde podemos incluir muchas de sus narraciones más breves; y obras de tono realista.
Se ha destacado siempre en su obra la riqueza de la adjetivación y su capacidad para crear imágenes sugerentes, sensoriales y plásticas
La obra de Carmen Martín Gaite gravita en torno a temas como el tiempo, la incomunicación, la búsqueda de interlocutor o la oposición pueblo-ciudad, y sobresale por su carácter introspectivo, la aguda penetración psicológica y la pluralidad de puntos de vista. Entre visillos (1958) proporciona una radiografía del ambiente asfixiante de una sociedad provinciana a través de la vida insatisfactoria de sus protagonistas.
Posteriormente, abraza las técnicas experimentales y escribe El cuarto de atrás (1978).
La primera novela de Sánchez Ferlosio es de tradición picaresca: Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951). Se caracteriza por el derroche imaginativo, la fantasía, el elemento onírico y el lenguaje poético. En 1955 obtiene el Premio Nadal por El Jarama, obra más representativa del enfoque o técnica objetivista (behaviorismo o conductismo).
En los años 60, los narradores, estimulados por la influencia de los novelistas europeos y estadounidenses y por el impacto del boom de la narrativa hispanoamericana, emprenden la búsqueda de nuevas fórmulas expresivas que contribuyan a superar el cansancio y agotamiento de la novela social.
La experimentación no supuso el abandono de los temas, la preocupación social o la intención crítica, pero afectó fundamentalmente a la estructura, a las técnicas narrativas y al lenguaje. No solo los jóvenes narradores se adhieren al experimentalismo, también autores de generaciones precedentes se sienten atraídos por esta nueva tendencia.
Juan Marsé pertenece a la generación del medio siglo cuya narrativa ofrece un retrato de la sociedad barcelonesa de la posguerra. En sus inicios cultiva el realismo social con novelas como Encerrados con un solo juguete (1960), sobre la abulia de la juventud burguesa. Posteriormente, evoluciona y su narrativa se vuelve más rica tanto en el lenguaje como en las técnicas. A su etapa experimental se corresponden Últimas tardes con Teresa (1966), en la que realiza una parodia de la novela social; La oscura historia de la prima Montse (1970), conjunto de narraciones de tono irónico que evidencian las insalvables diferencias de clase y la hipocresía burguesa; y Si te dicen que caí (1973), una novela de difícil estructura por la multiplicidad de voces que se alternan en el relato. Otras obras del autor son Un día volveré (1982), El embrujo de Shanghai (1993), Rabos de lagartija (2000) y Esa puta tan distinguida (2016). En 2008 recibió el Premio Cervantes.
En 1962, Luis Martín Santos publica Tiempo de silencio, obra que cambia el rumbo de la narrativa española de posguerra, y abre el camino de la novela experimental.
A pesar de su argumento sencillo y tintes de novela policial, la obra sobresale por su alcance existencial, social e histórico. La novedad de la obra radica en la renovación de las técnicas experimentales: organización en secuencias, empleo del contrapunto, presencia de la segunda persona, monólogo interior, riqueza léxica (neologismos, cultismos ... ), empleo de la ironía y la parodia.
Las novelas iniciales de Juan Goytisolo se insertan dentro del realismo social y crítico. En los años 60 evoluciona hacia la novela experimental, cuyo primer fruto es Señas de identidad (1966). En esta obra practica numerosas técnicas: aglutina géneros, incluye disertaciones, entre otras.